viernes, 18 de junio de 2010

Testimonio de Rocío Martínez Bocero (Agradecimiento)

Testimonio de Rocío Martínez Bocero (Agradecimiento)

Querida Mati:
Gracias a ti y a Raquel por haber sido siempre tan atentas conmigo y cariñosas. Sé que aprender bien macrobiótica lleva su tiempo y que no debo desesperar. Para mí es más complicado por la falta de cursos en Málaga, pero espero que cuando llegue septiembre pueda asistir a alguno de los vuestros.
Mientras tanto sigo vuestra web con mucho interés, leyendo cada línea y cada receta para intentar aprender todo lo que puedo. He visto un vídeo que habéis colgado en donde figura una clase degustando lo que parece un pastel anaranjado, con una pinta estupenda. Interés desde luego no me falta, aunque haya días en los que me venga un poco abajo, pues llevar esto a solas, sin apoyo de nadie, es un poco difícil. Mi familia come de manera tradicional y no conozco a nadie que lleve este tipo de alimentación, por lo que continuamente me encuentro dando explicaciones de por qué como esto o aquello o por qué cocino así o asá.
¡Qué suerte ha tenido tu hija Raquel teniéndote a ti para apoyarla siempre!. Luchar junto a alguien más es más sencillo que si lo haces sola. Pero bueno, sigo en la brecha y cada día espero aprender algo nuevo y que me salgan mejor los platos.
De nuevo, mil gracias por vuestro apoyo. Espero que nos conozcamos pronto. Estaré pendiente de los cursos de septiembre.
Un fuerte abrazo
Rocío

Contacto: arrurruz@hotmail.com

lunes, 7 de junio de 2010

Testimonio de Gloria Prieto (Agradecimiento)

Hola soy Gloria,

Me gustaría dejar un pequeño comentario de mi paso por "La Crisálida, Instituto Macrobiótico". Voy a una nutricionista que cura a través de la alimentación por problemas digestivos y un severo estreñimiento desde hace un año. Me tengo que desplazar muy lejos de mi casa, pero como me va bien no me importa.

Investigando un poco por mi cuenta, descubro que mi dieta es básicamente macrobiótica y que hay muchas otras personas que se dedican a esto (asesores macrobióticos), y lo mejor que averiguo es que cerca de donde vivo está vuestro Instituto y pronto acudo a él, previa cita, claro.

Decir que aunque llevaba un año alimentándome bien, ha sido Mati (directora de La Crisálida y consultora macrobiótica) la que me ha abierto un mundo con muchas más posibilidades culinarias, otras formas de cocinar, más amena, más variada, llena de colores y sabores y sobre todo equilibrar bien los alimentos. Todo esto en una sola visita a su consulta.

Ya me atrevo con los encurtidos o pickles, ensaladas prensadas, verduras escaldadas, etc. Antes no tenía claro cómo hacerlas y lo más importante, cómo comerlas, pues mis platos no eran compuestos, sólo eran de un tipo de alimentos.

Darte las gracias Mati por tu amabilidad y buenos consejos, espero verte pronto.

Un saludo.
Gloria

CONTACTO: gloprimua@gmail.com

lunes, 17 de mayo de 2010

Raquel Magem (dietista)

Testimonio de Raquel Magem, dietista.

NACÍ estreñida allá por el año 1975 en el seno de una familia de lo más estándar dietéticamente hablando. Si bien es cierto que se degustaban ciertos delicatesen, lo seguro es que no ingería la cantidad de fibra que yo necesitaba.

FUERON PASANDO LOS AÑOS, además de las dificultades para ir al baño que siempre me acompañaron, en mi etapa de instituto empecé a ponerme "rechonchita", cada día un poco más; parecía una tendencia incontrolable y la excusa era la de siempre, la genética.

UN BUEN DÍA mi padre proclamó: "A partir de ahora, en esta casa, siempre se comerá de primero una ensalada verde". Tanto mi hermano como yo, incluso mi madre, intentamos sublevarnos. Llegábamos a casa con hambre y queríamos empezar con algo consistente, pero cedimos finalmente. La gran sorpresa fue que en poco tiempo el estreñimiento mejoró, y me sentía más ligera, me sentía mejor. Me cautivó tanto la transformación que me hice vegetariana (no es que lo recomiende) y entonces perdí 13 kilos en un año. Después me normalicé y volví a "comer de todo" pero con la ventaja de haber incorporado lo verde en mi dieta de por vida.

FUERON PASANDO LOS AÑOS... todo y practicar mucho deporte, me mantuve entre los 62 y los 58, lo que resulta un peso normal (mido 1,65). El problema es que pasaba mucha hambre; horas y horas sin probar bocado, la merienda totalmente vetada, por no decir la media mañana. Era una lucha continua porque ante todo no quería engordar.

FUERON PASANDO LOS AÑOS... estudié en la universidad, me casé, nos compramos una casa y me hice hortelana. Cuando leía bibliografía para saber cómo se cultivaba una hortaliza me encontraba con una información dietética a modo de introducción. Al principio me tentaba saltármelo, pero poco a poco me empezó a interesar. Una anécdota: recuerdo perfectamente cuando leí sobre la berenjena. Al final de la explicación sobre sus maravillas había una anotación sobre lo mal considerada que estaba para la macrobiótica por ser muy yin. En aquellos entonces que me sonó todo a chino, y como es normal, no lo tuve nada en cuenta, pero es curioso cómo “se me quedó grabado en la mente”, quién iba a decir lo que me deparaba el futuro…

PERO UN DÍA me encontraba en un quiosco y un ejemplar de la revista "Cuerpo Mente" me susurró: ¡cómprame!. Sucumbí, y cuando la empecé a leer tranquilamente sentada en el sofá sentí un cosquilleo que me desveló mi verdadera vocación.

ENTONCES me embarqué en los estudios de dietética con el mayor de los entusiasmos superando las dificultades que conllevaba la decisión. Durante mi formación académica aprendí teoría, hacer dietas…y muchas cosas, pero no te transmiten esa ilusión de ayudar a la gente y de mejorar la salud de uno mismo que yo sentía en mi corazón. Así que lo busqué por mi cuenta. No olvidaré el día que compré el libro NUTRICIÓN ENERGÉTICA Y SALUD de Jorge Pérez-Calvo Soler. Ese día se abrió un nuevo camino para mí. Los principios fueron muy duros, no solo por la típica soledad de principiante, que en mi caso era absoluta, si no por la dificultad de asumir ciertas contradicciones con los principios dietéticos estándares. Pero a medida que iba aplicando cambios, mi realidad, mi cuerpo, mi mente, se transformaba.

HOY soy dietista. A nivel personal, no solo he conseguido mantenerme delgada, eso es lo de menos, si no que con mis 34 años me encuentro con más salud y vitalidad que nunca en mi vida, sin pasar hambre y disfrutar con todas y cada una de las comidas del día.
Por otra parte, esta profesión me brinda la gran oportunidad de ayudar a otros a seguir el mismo camino. La mayor de las gratificaciones es verlos cada día más guapos, satisfechos con sus cambios y en definitiva, más felices.

DESPUÉS DE HOY, dietista y terapeuta esencial. Casualidad o destino me he sumergido en el mundo de las Flores de Bach. Una terapia alternativa que complementa mi trabajo a nivel emocional, donde solo con la dieta no puedo llegar, la naturaleza en estado puro, las esencias de las flores, pueden sanar. Esto es una herramienta más, y abierta a las que puedan surgir con tal de mejorar cada día.

Marzo 2010. Y ahora MÁS. Mi loft, mi cocina, mi pequeño templo donde transmitir amor al cocinar, que no es más que darse amor a uno mismo y a aquellos para los que cocinamos. Esto sí que ha sido un paso importante para mí.

HOY 15 de mayo.(ya tengo 35) Mis últimas líneas. Estoy estudiando cocina macrobiótica en Escuela de Vida. Quiero ser chef, lo siento en lo más profundo, y quiero transmitirlo, difundirlo, para que la gente disfrute cocinando exquisitos platos de salud y vitalidad. Si quieres, puedes. Yo os doy ideas, vosotros no olvidad el ingrediente amor y gratitud.

GRACIAS A TODOS LOS QUE DÍA A DÍA ME AYUDÁIS A HACER REALIDAD ESTE SUEÑO.

Este camino me ha abierto las puertas para conocer a “mucha”, mucha más de la que jamás hubiera imaginado, gente maravillosa (por ejemplo Raquel Pozo Navas). Gente con la que conecto y me enriquece tanto que por mucho que de siempre salgo ganando.

CONTACTO:
ladietistaraquel@ya.com
Mi web: La dietista raquel.

jueves, 29 de abril de 2010

Macrobiótica, algo más que una dieta.

Hola a todos,

La revista digital "EL mercado ecológico" nos ha publicado un artículo sobre macrobiótica. Es una pequeña entrevista realizada a Mati Navas, directora de "La Crisálida, Instituto Macrobiótico". Que la disfrutéis.

LEER ARTÍCULO

Testimonio: Diana Lopez Iriarte (fibromialgia)

Mi experiencia con la macrobiótica.

Diana López Iriarte.


Hace unos ocho años más o menos, acudí a una conferencia, sobre terapias alternativas, me llamó la atención una persona en concreto que hablaba de que los alimentos además de nutrientes contenían energía. Me pareció interesante descubrir en qué era diferente un hidrato de carbono procedente de una coliflor, que otro de un bocadillo de chocolate, o la proteína de los garbanzos que la de un filete…de manera que acudí al taller de cocina.


No podía saber en esos momentos el gran cambio que supondría esto en mi vida… Durante dos meses descubrí, según el método culinario macrobiótico, que todo el universo puede entenderse como la interacción de dos fuerzas complementarias el yin y el yang. Aprendí la relación energética de los alimentos con las estaciones, con la tierra y el cosmos, con los órganos y muchas más cosas. Descubrí una sabiduría ancestral basada en el Tao capaz de cambiarte hasta la forma de vivir la propia vida. No voy a entrar en estos conceptos porque sería tema para un artículo extenso y prefiero basarme en lo que ocurrió conmigo y de ahí que cada cual investigue si la cosa le resuena de algún modo.


En aquellos momentos, yo tenía un principio de fibromialgia, me levantaba y me acostaba cansada, tenía unos enormes dolores de huesos y espalda a diario. Muy en lo profundo en mi interior me preguntaba si con 32 años estos dolores serían normales y de qué forma llegaría a la edad de mi madre si ahora estaba en ese estado mi salud…También sufría de jaquecas y migrañas periódicas que me hacían tomar Paracetamol, el cual a su vez me producía cólicos y diarreas, con lo que también me habían diagnosticado colon irritable. Debido a los dolores y al cansancio mi deseo sexual había disminuido hasta casi extinguirse. Esto en lo que respecta al cuerpo físico.


En lo referente al emocional y mental, mi vida oscilaba entre el desánimo y la tristeza y episodios de ira y rabia incontrolable que hacían muy difícil mi carácter, estaba en varias terapias de autoayuda y autoconocimiento, pero aún así, era incapaz de manejar mis emociones o de elegir mis pensamientos. Mi vida era un caos sin dirección.


El cambio en la alimentación resultó de manera natural y fluida, nada más comprender e integrar en mi universo cognoscible los nuevos conceptos aprendidos. Consciente de la importancia de la energía y la química de los alimentos, deseaba profundamente controlar y elegir de la mejor manera posible. Llegué a casa y tiré todo fuera de la nevera, vacié de comida basura los estantes y comencé a comprar y cocinar los nuevos productos.


Algunas de las medidas que tomé fueron: dejar el azúcar blanco en todas sus formas y los lácteos, introducir verduras en abundancia y cereales integrales de cultivo ecológico, como el arroz integral o el mijo, la avena, a diario, dejé también la proteína animal, carne, aves y huevos, para tomar proteínas vegetales, legumbres y pescado blanco.


Al poco tiempo comenzó una transformación brutal de mi persona y de mi vida.

Primero desaparecieron los dolores de cabeza, y de huesos y espalda, más tarde también el cansancio. Después, la ira y las emociones, fueron siendo cada vez más fáciles de comprender y encauzar, empecé a sentir que tenía el control de ser quien yo quería ser y no una víctima de las circunstancias. A menudo me embargaba un sentimiento de paz interior y de alegría, antes desconocida. Volvió el deseo sexual y las sensaciones que antes parecían adormecidas se volvieron más intensas.


Tenía una energía extra para mil actividades anteriormente impensables, y con ella empezaron las ilusiones, reales, de hacer cosas que me llenasen, de darle una dirección a mi vida y no dejarme llevar más por las circunstancias o por lo establecido.


Poco a poco comencé a tomar decisiones basadas en mis valores, y sueños. Fui consciente de cómo los miedos del pasado, inculcados por los padres, la escuela, la sociedad… habían influido en mis decisiones y en mi estilo de vida, aun sin yo saberlo, y me volví capaz de enfrentarlos, de ponerlos a prueba, me atreví a vivir a mi manera.


Lo que experimenté fue como si una parte de mí, que antes no puedo explicar dónde se encontraba…se hubiera despertado. Y esta parte, era capaz de observarme a mí y a mis circunstancias y decidir, elegir, ante una situación, enfadarse o no, temer o atreverse. Una parte sabia, capaz de ver más allá de lo evidente. Capaz de relacionarse con algo mucho más grande que yo, capaz de ser libre por el simple hecho de cuestionar y solo ser. Esto supongo que es lo que llaman consciencia.


En mi opinión, soy otra persona, comencé por preocuparme de la influencia real de los alimentos en mi vida, por cuidar mi cuerpo y ahora me gustaría cuidar el cuerpo de mi planeta. Y toda la vida que en él Existe. Lo siento como algo mío.


Me preocupa la ecología y los medios de cultivo sostenibles. Porque hay hábitos alimenticios de hoy día que nos traen desequilibrio, sequía y pobreza, además de enfermedad. Y yo creo que hasta las guerras son producto de una alimentaciónantinatura”.


Entonces este cambio en la alimentación me hizo dar un paso más allá, los alimentos tienen una energía, un nivel de vibración, y desde ahí, como todo es vibración empiezas a cuidar mucho más todo. Pues alimento no es sólo comida, son también: pensamientos, información, amigos, música, ideas, emociones…Empiezas a cuidar lo que llevas a la boca, consciente de que todo tiene un efecto en el organismo, desde el vino hasta una hierba. Y también lo que metes en tu mente y en tu vida… Empiezas a decidir eliminar el ruido y alimentarte de lo que te hace feliz.


Está demostrado científicamente que aquello que produce emociones positivas, relaja el A.D.N. y esto a su vez fortalece el sistema inmunológico. Es decir: Nuestra salud mejora si somos felices.


Esta es la verdadera meta de una alimentación para el despertar.

Empiezas a vivir tu vida desde la consciencia, y cualquier pequeño acto, por ejemplo: tomarse una hamburguesa con los amigos…, si eso implica que mi dinero está financiando la destrucción de la selva, que tan linda me parece, pues elijo mejor.

Empiezas a estar consciente y a ser una célula positiva para ese cuerpo mayor que tenemos que es la tierra sin cuyo alimento aire y magnetismo no podríamos vivir.

Por todo esto que me ocurrió, por el simple hecho de empezar a comer productos que de verdad produce la madre tierra, es por lo que animo a todo el mundo a ser diferente y a responsabilizarse de verdad de su nutrición y de su propia vida. Por supuesto que es un enorme cambio pero a mi me parece que merece la pena.


Nota: si queréis contactarme para cualquier duda o consulta podéis hacerlo en:

dianagatablanca@gmail.com

Un saludo.

/Diana.


lunes, 5 de abril de 2010

¿Por qué no funcionan las dietas de adelgazamiento?

¿Por qué no funcionan las dietas de adelgazamiento?

Las dietas de adelgazamiento no funcionan porque se entienden como un parche que nos permitirán perder los kilos que nos sobran de manera rápida para poder continuar manteniendo nuestros hábitos como antes. Las dietas de adelgazamiento que no consideran el necesario equilibrio energético de nuestro cuerpo llevan a la persona a una rueda sin fin de periodo de dieta y restricción al que le sigue un periodo de compensación y exceso, con la recuperación consiguiente de los kilos perdidos. De esta forma no existe una dieta de adelgazamiento eficaz, la única posibilidad de éxito que podemos considerar para equilibrar nuestro peso es realizar cambios duraderos en nuestro estilo de vida y alimentación. Y para ello es muy importante que todos los cambios que realicemos sean poco a poco, sin estrés ni ansiedad. A continuación hacemos un análisis de algunas dietas conocidas:

Dieta de las calorías: en esta dieta la persona debe comer una cantidad máxima de calorías diarias, sin importar el tipo de alimentos de dónde provengan, su energía vital, su digestión ni metabolismo, así como el estado físico, mental y emotivo de la persona. Así podrá alimentarse únicamente de bollería industrial, café y chocolates si lo desea con la única condición de que no se exceda en el número de calorías asignado.

Recientes estudios realizados en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, ponen de manifiesto que no hay una relación tan directa como se creía, entre el exceso de calorías en la dieta y la obesidad. Depende de los alimentos de dónde provengan las calorías. A igual cantidad de calorías, engordan más las grasas que los carbohidratos. Es más, los carbohidratos, además de almacenar menos calorías extra, favorecen el gasto energético y la grasa corporal se reduce.

En este mismo sentido, estudios europeos recientes (Proyecto CARMEN – Carbohydrate Ratio Management in European National Diets) demuestran que se puede perder peso aumentando los hidratos de carbono si se reducen las grasas, sin necesidad de disminuir las calorías. Si hacemos caso de estas investigaciones recientes, ya no hay por qué preocuparse de mirar cada día en las tablas y pesar los alimentos para guardar la figura, bastaría con aumentar el consumo de alimentos ricos en carbohidratos y pobres en grasas (cereales integrales, legumbres, pan integral, verduras, frutas…) y disminuir el de los alimentos más ricos en grasas (mantequillas, margarinas, embutidos, carnes, quesos, salsas, fritos…). Y si hacemos caso de nuestro sentido común, trataremos de hacer una dieta equilibradora, atendiendo a nuestras necesidades particulares, por ejemplo, si estamos dilatados y fofos haremos una dieta contractiva pero sin alimentos extremos yang desequilibradores.

Dieta superprotéica: Esta dieta es específica para adelgazar y consiste en eliminar todos los alimentos ricos en hidratos de carbono y alimentarse casi exclusivamente de alimentos ricos en proteínas animales (pescado y carnes magras), verduras y frutas con moderación. Al eliminar de la dieta moderna occidental los alimentos como el arroz blanco, la pasta blanca y el pan blanco (que al ser refinados sus azúcares elevan rápidamente el nivel de glucosa en la sangre y se convierten en gran parte en grasa) la persona experimenta una pérdida de peso rápida. El inconveniente de esta dieta es que no es equilibrada porque no suministra buenas fuentes de nutrientes y el cuerpo tiene que hacer un esfuerzo grande en conseguir hidratos de carbono de proteínas y grasa para su correcto funcionamiento. Al ingerir grandes cantidades de alimento animal el hígado queda sobresaturado y tiene riesgo de enfermar si la dieta se mantiene demasiado tiempo (por eso no se recomienda un tiempo mayor de tres meses). Además estos alimentos animales tienen la cualidad de acidificar la sangre por lo que el cuerpo cede parte de sus reservas minerales (acumuladas en los huesos y los dientes) para equilibrar el PH de la sangre, por lo que la persona queda desmineralizada y débil, con cansancio y falta de vitalidad.
La dieta superprotéica no es una dieta equilibrada y consigue un adelgazamiento ficticio que en muy pocos casos se convierte en duradero. Es además una dieta pobre y perjudicial para la salud.

Dieta disociada: Es una dieta que está muy de moda y consiste en comer de los alimentos que nos proveen de los principales nutrientes separados en cada comida. Esto significa por ejemplo que tomaremos un desayuno rico en hidratos de carbono (por ejemplo en forma de pan integral), una comida rica en proteínas (con carne o pescado), y una cena rica en vitaminas y minerales (con verduras y frutas), pero sin mezclar ninguno de estos ingredientes. Los defensores de esta dieta alegan que las digestiones se hacen muy ligeras y al no haber sinergias entre los alimentos la persona pierde peso y lo mantiene con facilidad.

Esta dieta a nuestro entender tiene algunos puntos flacos. Uno de ellos es que el cuerpo necesita mantener un nivel constante de glucosa en la sangre para su correcto funcionamiento. La glucosa es la gasolina de nuestro cuerpo y la fuente de energía que necesita para realizar sus actividades cotidianas. Los alimentos ricos en hidratos de carbono y que proporcionan un nivel estable de glucosa en la sangre son los cereales integrales (y en su defecto los cereales refinados). Si tomamos cereales sólo en una de las comidas del día obligamos a nuestro cuerpo a conseguir la glucosa de otras fuentes como las grasas o las proteínas, con su consiguiente desgaste.

Por otro lado la cantidad de alimentos ricos en proteínas que necesitamos durante el día, y según las recomendaciones de la OMS, es del 10-15% del total de todos los alimentos. Si hacemos una comida rica en alimentos protéicos al día con seguridad estaremos ingiriendo mucho más de esta cantidad recomendada, con el consiguiente sobreesfuerzo para nuestro hígado.

La dieta disociada no tiene en cuenta la necesidad de equilibrio energético de nuestro cuerpo y es una dieta que en general produce muchos antojos y ganas de picar entre horas. El cuerpo necesita reponer hidratos de carbono, proteínas y minerales durante el día y lo ideal es suministrárselos en cada comida. Necesitamos comidas equilibradas y ricas en sabores, texturas y colores, que nos dejen satisfechos y llenos de energía.

Existen multitud de dietas que tienen como base las ideas de estas que hemos explicado, o una mezcla de ellas. En general son difíciles de seguir por un tiempo largo pues están sujetas a la idea de restricción. Cuando la dieta es abierta, variada, equilibrada en nutrientes y energía, y produce satisfacción, placer y mucha vitalidad, como es la dieta macrobiótica, podremos seguirla toda la vida mantiendo un peso estable y un aspecto juvenil.

lunes, 15 de marzo de 2010

Tarta de calabaza

Ingredientes: calabaza, zumo de manzana, agar-agar, kuzu o arruruz, sal, galletas tipo maría sin azúcar, ralladura de naranja y miel de arroz. Para decoración: coco o almendra picada y rodajas de naranja finitas.

  • Partir la calabaza en trozos medianos y cubrirla con el zumo de manzana.
  • Cocer con una pizca de sal durante 15-20 min o hasta que esté tierna.
  • Hacer puré y añadir por cada vaso (unos 250ml) una cucharadita de café de copos de agar-agar colmada.
  • Dejar cocer unos 10 min hasta que los copos de agar-agar estén bien disueltos.
  • Añadir una cucharadita de kuzu diluida en zumo de manzana que no esté caliente por cada medio litro de puré y remover bien hasta que espese el puré un poco más.
  • Añadir al puré ralladura de naranja.
  • En un molde de tarta poner una base de galletas mojadas en zumo de manzana.
  • Verter el puré sobre la base y esperar que cuaje (unas 2h).
  • Decorar con una fina capa de miel de arroz la cubierta de la tarta (para darle brillo y dulzor) y con coco rallado y rodajitas de naranja.
NOTA: las cantidades indicadas de agar-agar y kuzu o arruruz están pensadas para conseguir una consistencia de la tarta cremosa y no rígida (no como una gelatina). Si queremos una consistencia de gelatina rígida quitamos el kuzu y añadimos el doble de cantidad de agar-agar.

martes, 9 de marzo de 2010

Crema suave de calabaza e hinojo.

Ingredientes: cebolla en medias lunas, calabaza en trozos medianos, hinojo en cuadritos, alga dulse, nata de avena y sal.

  • Poner las verduras en una olla tapada con agua que las cubra.
  • Cocer a fuego mínimo 20 min.
  • Añadir sal, un chorro de nata de avena y una cucharada de alga dulse y cocer 5 min más.
  • batir muy fino y servir caliente.

Las algas.

El siguiente artículo, publicado en el número 40 de la revista "Actualidad Ecológica" de la asociación andaluza CAAE, y escrito por nuestra consultora macrobiótica Mati Navas, trata el tema de las algas como recurso culinario de gran valor.

Ver artículo AQUÍ.

Espero que les guste.

La sal ¿amiga o enemiga?

"El siguiente artículo, publicado en el número 39 de la revista "Actualidad Ecológica" de la asociación andaluza CAAE, y escrito por nuestra consultora macrobiótica Mati Navas Fernández, desenmascara muchos de los mitos que existen en la cultura popular sobre la sal.

Ver artículo AQUÍ.

Espero que les guste.

Equilibrar el peso de forma natural.

El siguiente artículo, publicado en el número 38 de la revista "Actualidad Ecológica" de la asociación andaluza CAAE, y escrito por nuestra consultora macrobiótica Mati Navas, explica cómo resolver definitivamente los problemas de peso.

Ver artículo AQUÍ.

Espero que les guste.

martes, 2 de marzo de 2010

¿Cómo integras la macrobiótica en la vida social?

Pregunta: Pienso que la macrobiótica te aisla mucho para mantener relaciones sociales, como si fueras un extraterrestre, pues no conozco a nadie que practique la macrobiótica en mi círculo. Aquí en Andalucía es una verdadera rareza y me imagino que en Sevilla (mi padre es sevillano, ja,ja,ja) ser macrobiótico es poco menos que un pecado (vamos, no me imagino qué haces tú y la gente que acude al Instituto Crisálida en plena Semana Santa, por decir algo, para encontrar qué comer en los bares, cuando todo el mundo anda con el tapeo y el vinito). Yo apenas salgo a comer fuera, porque no encuentro nada en condiciones. Tú, por lo que he leído, has tenido la inmesa suerte de contar con el apoyo de tu madre y quizás tengas amistades que comen igual. Yo tengo que hacer siempre una comida para mí y otra para mi marido y mi hija, y a veces tres, porque mi marido es el polo opuesto a mí: todo carne, marisco, quesos fuertes y vino y nada de verdura ni cereales ni fruta, vamos las antípodas!!!. Bueno, ya no me enrollo más. ¿Cómo lo resuelves tú?

Respuesta:
En cuanto a la vida social si que es verdad que es un poco más complicada, por lo general no se ofrecen comidas de calidad en los bares y restaurantes y la mayoría de las veces los amigos se reunen para comer. En fin, mi recomendación es que no hay que ser muy rígidos. Si no hay problemas de salud serios se puede uno saltar la dieta de vez en cuando o hacer un mixto, como llegar a los postres o llevarse la comida y picar un poco de lo otro. En fin, aquí cada uno busca sus soluciones. En mi caso, y como aún no he recuperado mi salud completamente y deseo hacerlo no me lo salto nunca y siempre voy con mi fiambrerita a todos los sitios, así no me pierdo las reuniones y puedo también disfrutar de mis amigos.

Cuando elegimos una opción personal que no comparten la mayoría de las personas de nuestro círculo tenemos que estar preparados para asumir que los demás nos van a tachar de diferentes. Pero no pasa nada, podemos ser diferentes y estar orgullosos de serlos, y quizás con el tiempo marcar tendencias entre nuestras amistades o compartir con ellos las cosas nuevas que hemos aprendido. Esto es siempre así, siempre son sólo algunos los que se atreven al cambio hasta que llega un momento en el que ese cambio se acepta, se ve como normal, se integra y mucha más gente lo elije. Así está sucediendo con las terapias alternativas, los alimentos ecológicos, la no-vacunación de los niños, las cooperativas de consumo responsable, y también con la macrobiótica. Somos parte del cambio a la construcción de un mundo más justo, y más feliz.

Al principio de practicar esta alimentación me sentía muy aislada y rara en este sentido y sufría mucho por esto. Ahora lo he integrado en mi vida, mis amigos ya lo ven como normal, y puedo celebrar reuniones con comida macrobiótica, cumpleaños, y poco a poco, con las clases de cocina que impartimos nos vemos incluidos en un grupo más grande de personas que comparten nuestro estilo de alimentación. Todo es una aventura y cada vez más personas de mi círculo se interesan y hacen cambios saludables en sus hábitos culinarios. Poco a poco.

Por otro lado también creo que es importante la actitud de la persona que practica macrobiótica frente a los demás. Es importante colocarse frente a los otros sin superioridad. Aquí no somos mejores por comer así, es sólo nuestra opción porque a nosotros nos gusta y nos sienta bien, pero no debe haber exigencias frente a los otros, sólo mucho respeto. Cuando me reuno con las amistades a compartir una comida en la que hay de todos los estilos de platos (macro y no macro) entonces me gusta disfrutar de todo, de lo que prepararon los demás aunque bajo mi punto de vista no sea tan equilibrado ni saludable, y alabo las presentaciones y la "buena pinta" de los platos y siempre disfruto de ver a todos disfrutando de una buena reunión. También pruebo la "otra comida" y me gusta que prueben de la mía. Si alguien me pregunta por qué yo no como carne, o lácteos o algo de lo que está en la mesa en ese momento me ahorro las teorías saludables para no estropear el momento de disfrute y siempre digo que el que quiera puede mirar mi blog o se lo contesto en otro momento, pero nunca en la mesa. Este es mi pequeño secreto. Espero haberte ayudado. Un saludo y mucha suerte.

¿Por qué tengo tantos antojos con la comida macrobiótica?

Pregunta: suelo hacer tanto el desayuno como el almuerzo macrobióticos, el desayuno a base de infusión de regaliz o té kukicha y crema de un cereal (sin gluten, porque el gluten no me sienta bien, me hincha mucho y me da diarrea) bien arroz, mijo, quinoa o trigo sarraceno con canela, leche de arroz y últimamente le echo también bayas goji. A media mañana me tomo una compota de manzanas con canela y en el almuerzo pues una sopa de verduras y algas con miso (el que no lleva gluten, sólo con soja y arroz), y un combinado de legumbres y cereal con verduras (brócoli, coliflor, chirivías, zanahorias, calabaza, cebolla, fundamentalmente).También le echo a veces algas a la sopa y nabo daikon, que me encanta. Acabo con un té kukicha. A media tarde me tomo sésamo negro y unas almendras. Pues noto al final del día como un empalago de sabor dulce (la boca un poco pastosa) que lo que hace es que me apetezca comer algo más amargo como los espárragos o alcachofas y huevos, pescado o pollo. No sé si a las demás personas les pasa esto mismo. Me gustaría, desde luego, poder seguir un régimen vegetariano total, no porque no me gusten los huevos, el pollo y el pescado, sino porque prefiero en general los granos, legumbres y vegetales, pero si hago varias comidas seguidas sólo vegetarianas como que me llama luego comerme algo de proteína animal y verduras que no tengan un sabor tan dulce como la zanahoria y la calabaza, aunque no sean las que la macrobiótica prescribe. ¿Tienes alguna explicación para ésto?.

Respuesta:
Las dudas son totalmente normales cuando uno empieza con este tipo de alimentación. ¡si yo te contara los errores que he cometido hasta que he conseguido enterarme de la película!

He incluido en la sección de menús varias entradas referentes a cómo elaborar menús diarios equilibrados, semanales, y la pirámide macrobiótica. En la macrobiótica no hay alimentos prohibidos, ni tampoco la exigencia de ser vegetarianos, esto es una opción personal dentro de este tipo de alimentación a la que no recurre todo el mundo. Lo importante es respetar más o menos la frecuencia y las cantidades de lo que comemos. Así el macrobiótico carnívoro también come carne de todo tipo, sólo que elige las ecológicasy de mejor calidad, y las toma en la frecuencia recomendada ¿entiendes?

Si te quedas con la sensación de que tus comidas son demasiado dulces y te apetecen otros sabores es que no estás elaborando bien el menú. Cada menú debería llevar de todos los sabores (esto lo explico muy bien en la sección de menús), porque si no lo que ocurre es que nos quedamos con antojos como te sucede a tí. Mi intuición me dice que quizás tampoco estés variando demasiado los estilos de cocción, porque la falta de variedad también da muchos antojos. Te recomiendo que lo leas con atención porque e incluido algunas sugerencias que podrían orientarte.

Mi recomendación es que asistas a algún curso de cocina cuando puedas, esto es lo que más ayuda del mundo, o bien te vayas algunos días de vacaciones a algún sitio que ofrezcan menús macrobióticos, así te podrás hacer una idea más acertada de los menús. Un saludo y suerte.

¿Es mejor tomar la fruta siempre cocida?

Pregunta: ¿Es mejor tomar la fruta cocinada que cruda?

Respuesta
: En macrobiótica no hay respuestas absolutas. Depende siempre de la condición de la persona que va a alimentarse, de la estación del año, de la edad y el sexo, entre otros factores.

La fruta es rica en azúcares de absorción rápida, que pasan muy rápido a la sangre subiendo de forma brusca los niveles de azúcar en la misma. En caso de consumirla en grandes cantidades, esto hace que el páncreas entre en "alarma" y segregue insulina para regular estos niveles y bajarlos a un margen adecuado. Por otro lado la fruta cruda tiene una energía muy expansiva, que nos refresca, nos enfría y nos relaja. Esta energía es muy adecuada para el verano, cuando hace calor y cuando la naturaleza nos ofrece más frutas que nos permitan equilibrarnos con el clima. Así en el verano tomaremos más frutas crudas que en el invierno, siempre en pequeña cantidad para no maltratar a nuestro páncreas.

Hay que tener en cuenta también que todos los alimentos crudos, como pueden ser la fruta y algunas ensaladas, son más costosos de digerir y exigen un mayor esfuerzo a nuestro sistema digestivo. El estómago adquiere un PH muy ácido, y una elevada temperatura, necesaria para hacer la digestión. Cuando ingerimos alimentos crudos, o también muy fríos, obligamos a nuestro sistema digestivo a hacer un sobreesfuerzo para conseguir las condiciones de PH y temperatura necesarios para el proceso. Así, cuando hay problemas de salud y se requiere de ayudar al cuerpo a economizar energía en sus funciones, para que pueda emplearla en la recuperación del problema, puede recomendarse evitar los alimentos crudos.

Respecto a las vitaminas de la fruta, diremos que la más delicada es la vitamina C, que se destruye con el calor cuando se cocinan los alimentos más de 15 min. Si cocinamos la fruta ligeramente, en compotas de 10 min, al vapor, o salteadas ligeramente, también nos beneficiaremos de todas sus vitaminas.

La forma en que cocinamos los alimentos varía la energía de los mismos, así como también los efectos que tendrán en nuestro cuerpo. De esta forma la energía muy fría y refrescante de la fruta se tornará más suave y nos aportará más calor si la consumimos cocinada por un largo tiempo en una compota a fuego lento, o se tornará más activa y calorífica si la salteamos con aceite y le añadimos canela, por ejempo.

Para entender un poco más los efectos que tienen sobre los alimentos los estilos de cocción ver:
La personalidad de los estilos de cocción.

lunes, 1 de marzo de 2010

¿Es recomendable el uso de levadura de cerveza?

¿Es recomendable el uso de levadura de cerveza en la alimentación?


La levadura de cerveza es un tipo de levadura u hongo unicelular que se utiliza para la fabricación de cerveza. Se alimenta de azúcares (glucosa) que en unas condiciones determinadas de temperatura y humedad transforma en dióxido de carbono y alcohol. Este tipo de hongo es bastante común en la naturaleza y también en el cuerpo humano, principalmente en el aparato digestivo y la piel.

Actualmente se utiliza para la producción industrial de cerveza aunque las modernas cervecerías se decantan por la utilización de otra levadura cuyo nombre fue acuñado por la cervecería Carlsberg de Conpenhague, mientras que la levadura original es utilizada por industrias más pequeñas.

Aparte de estos usos también se cultiva para su venta como suplemento dietético pero no debe confundirse con la que se usa para la elaboración de la cerveza. Esta levadura se ha secado a altas temperaturas lo que determina que no tenga capacidad de fermentación. Se obtiene así como un subproducto a partir de la fermentación de la cerveza y se utiliza por sus propiedades concretas.

Entre las propiedades de la levadura de cerveza destacan su elevada cantidad de proteínas, su bajo contenido en grasas, su alto contenido en hidratos de carbono y sobre todo su riqueza en minerales y vitaminas del grupo B. Así los partidarios del uso de este complemento dietético alegan que es bueno para fortalecer el sistema inmunitario, regular el tránsito intestinal, para mejorar problemas de piel, fortalecer pelo y uñas, mejorar el colesterol entre otras.

Desde el enfoque de la macrobiótica el uso de complementos dietéticos no es necesario para personas que hacen una alimentación equilibrada. La naturaleza nos ofrece todo lo que nuestro cuerpo necesita en forma de alimentos naturales, de manera que seamos capaces de funcionar sin la necesidad de depender de complementos dietéticos. El aporte adecuado de proteínas lo hacemos consumiendo legumbres a menudo, proteínas vegetales como el tempe , el tofu o el seitán, pescado y para los que no elijan la opción vegetariana de la carne los huevos y los lácteos (estos últimos con mucha moderación). El aporte adecuado de hidratos de carbono de absorción lenta lo hacemos consumiendo cereales integrales ecológicos en todas las comidas. Por último el aporte adecuado de vitaminas y minerales lo hacemos consumiendo verduras, frutas y algas. Las vitaminas del grupo B, necesarias para una correcta alimentación, las obtenemos de las algas y del pescado, y también en menor cantidad de las verduras.

La levadura de cerveza puede producir también interacciones no deseadas como picor, manchas en la piel o flatulencias. Esto tiene sentido si pensamos que todas las levaduras alteran la flora intestinal y tienen además una energía muy expansiva. Las levaduras son organismos vivos que tienden a seguir reproduciéndose en nuestros intestinos y aparato digestivo, causando desajustes. En la macrobiótica se recomienda un uso muy moderado de alimentos que las contengan (como pan y bollería) por estas razones.

Es mucho mejor para nuestro cuerpo suministrarle los nutrientes necesarios de fuentes naturales, y cuanto menos procesados mejor. Esto lo tomamos como norma general y si decidimos utilizar suplementos dietéticos lo haremos siempre bajo la supervisión de un especialista y puntualmente.

Un saludo.
/Raquel.




lunes, 22 de febrero de 2010

I Congreso internacional de macrobiótica mediterránea

I CONGRESO INTERNACIONAL
de
MACROBIÓTICA MEDITERRÁNEA



Más información AQUÍ.



Breve historia de la macrobiótica

La macrobiótica busca el equilibrio físico y mental a través de la dieta. Pero ¿cómo surge esta forma de alimentación? Para comprender este concepto de forma integral hemos comenzado por el significado etimológico de la palabra, haciendo un repaso por la historia y centrando la atención en los principales alimentos de esta dieta.

La raíz del término Macrobiótica se halla en las palabras griegas y sánscritas: «Makros» que significa «grande». «Maka» que expresa «maravillosa». Biótica que proviene de «Bios» , que quiere decir «vida» y denota una manera de vivir. Resumiendo: Vivir un estilo de vida ordenado, responsable, equilibrado que nos permita alcanzar la longevidad con salud.

El primer registro conocido del vocablo Macrobiótica se encuentra en el ensayo del griego Hipócrates, ensalzado El Grande, originario de Cos, titulado «Aire, agua y lugares» datado hace unos 2.400 años, donde lo emplea para referirse a las personas longevas y sanas. Este inconmensurable sanador, cuya terapéutica concede un papel primordial a la dietética, es tenido por el padre de la medicina occidental, cuyos miembros todavía se gradúan universitariamente como médicos alopáticos recitando el juramento hipocrático.

En sus obras «Alimentos», y «Medicina y Tradiciones» declara lo siguiente:

• «Que tu alimento sea tu principal medicina».

• «El pan (describe con insistencia) se elaborará con granos que mantengan su envoltura, ya que contiene los nutrientes básicos que nos alejarán de las enfermedades». (Hoy correspondería al pan integral biológico.)

• «Para alimentarse de forma equilibrada y vivir en salud es preciso consumir cebada, avena y trigo», que eran los cereales más cultivados en los territorios gobernados por Grecia.

Hipócrates no cesa en toda su obra de orientarnos sobre la forma natural y equilibrada de alimentarse para vivir macrobióticamente.

Herodoto, Aristóteles, Galeno, Platón y otros clásicos también utilizaban la voz Macrobiótica para describir un estilo de vida responsable y sano que giraba alrededor de una dieta moderada, cuyo resultado era la mejora de la salud y el logro de la longevidad sin lacras físicas, mentales ni espirituales.

Durante siglos los pueblos se mantenían sanos y fuertes con los productos naturales que obtenían de sus campos o de las tierras cercanas, incluidas las plantas sanadoras, el agua pura y el aire ozonificado, rebosante de iones negativos. Todo ello apuntalado con sus creencias intelectuales, morales y espirituales. Quienes se alimentaban siguiendo el dicho: Come de todo un poco, con sosiego, masticando y ensalivando los alimentos, seguían los principios dietéticos de la Macrobiótica. El naturismo clásico con más de dos milenios a sus espaldas tiene una completa biblioteca de obras que tratan sobre alimentación humana, donde el espíritu macrobiótico ronda por doquier. Las advertencias dietéticas que Don Quijote de La Mancha propina a su escudero Sancho Panza las hace suyas cualquier naturópata macrobiótico.

Los estudios actuales consideran al japonés Ekken Kaibara (1630-1716), quizás el primer teórico naturista oriental que divulgó y, en parte sistematizó, la naturopatía de su tiempo y sentó las bases higienistas y filosóficas de lo que dos siglos después eclosionaría como Macrobiótica nipona. Kaibara viajó sin descanso (Ohsawa haría lo mismo). Escribió libros de botánica y herbología, de alimentación, de ética y moral sanadora, de masaje, presiones y ejercicios físicos, de geología y geografía haciendo hincapié en la descripción de zonas y lugares especialmente salutíferos. Con 83 años, en plena forma, publica, «Secretos japoneses de la buena salud». Se traduce al inglés inmediatamente. Kaibara escribe: «Tanto la enfermedad como la salud se las crea uno mismo». «Es lógico que quien sepa conservar la salud poseerá una condición orgánica potente, constitución a parte, capaz de vencer cualquier enfermedad durante una larga y gozosa vida», rememorando el multimilenario Tao Te Ching que anota: «La vida la tenemos en nuestras propias manos».

Hasta mediados del siglo XIX la dieta general de Japón era muy similar a la dieta Macrobiótica actual. Los lácteos eran desconocidos y los animales servían para las labores agrícolas, acarrear objetos, transportar personas... pero no por su carne. El consumo de pescado y verduras del mar formaba parte de la dieta normal japonesa. Para desgracia del pueblo nipón, el año 1883 se le retiró el apoyo oficial a la medicina naturista ancestral, tradicional, y se institucionalizó la importada medicina occidental, que en 1871 introdujeron los médicos-cirujanos alemanes.

El canon terapéutico de Hipócrates resiste los embates del tiempo hasta finales del siglo XIX. Precisamente, el año 1860 se publica en la ciudad alemana de Jena, la octava edición (la primera data de 1796) de la obra «Makrobiotik oder die Kunst, dass Menschliche Leben Zu verlängerer» («Macrobiótica, o el arte de prolongar la vida a los hombres»), del afamado y laureado sanador germano, Christophe Wilhelm Von Hufeland (1762-1836). Se tradujo a todos los idiomas dominantes, y por supuesto al japonés, al chino y al ruso. Fue médico personal de Goethe. Hufeland, a pesar de su eclecticismo terapéutico era hipocrático hasta la médula y no cabe la menor duda de que había leído la traducción inglesa del libro escrito por Kaibara, «Secretos japoneses de la buena salud». Ohsawa, en uno de sus viajes a Alemania, antes de escribir el «Zen Macrobiótico», se entrevistó con un descendiente de Hufeland para rendirle homenaje y recabar información (1957).

Rastreando el pasado japonés nos encontramos con un personaje fundamental que sentó los cimientos naturopáticos, higienistas y dietéticos que permitieron a Ohsawa levantar la formidable fortaleza de la Macrobiótica moderna. Nos referimos al sanador naturista y médico del ejército japonés, Sagen Ishizuka. Nació en 1860. Estudió medicina occidental y a los 28 años ejerce de médico militar. La vertiginosa y occidentalizada transformación de Japón estaba arrinconando el valiosísimo acerbo de la dietética tradicional y del naturismo ancestral.

Con 30 años se le agravan las molestias crónicas renales que padecía. Los tratamientos alopáticos no podían curarle. Con Hufeland y Kaibara en el corazón, y el bullicio que en el cerebro le ocasionaba la menospreciada tradición dietética de sus conciudadanos, decide revivirla y presentarla en forma científica. Elabora una dieta y la experimenta para curar su grave enfermedad renal. Elimina la carne y los lácteos. Se alimenta principalmente de arroz integral, pan integral, miso, rábano daikon, tofu, legumbres, hortalizas y verduras, frutos secos, pipas de girasol y de calabaza, semillas de sésamo, infusiones depurativas alcalinizantes...

Se recupera y acaba sanándose. Estudia Antropología y Química. Se empapa de la prensa científica occidental. En 1897, a la edad de 38 años publica su obra cumbre, «A Chemical Nutritional Theory of Long Life» («Una teoría dietético-química de la longevidad»), donde describe un sinfín de experimentos dietético-naturistas evaluados científicamente.

No ha transcurrido un año cuando pone a disposición del gran público una guía práctica sobre dieta que llegó a editarse 23 veces. Se trata del libro Shoku You (Alimento nutritivo). Su consulta, establecida en Tokio, se transformó en un lugar de peregrinaje donde acudían multitud de enfermos desahuciados para implorar que les visitase. Tuvo que limitar a cien el número de pacientes que atendía diariamente. Se hizo famoso más allá de sus fronteras.

Con el mayor afecto y agradecimiento nos aproximamos a la obra colosal y vida ejemplar de un hombre pacífico, de un ser humano espiritual, Nyoiti Sakurazawa, que al llegar a Europa tomó el sobrenombre o seudónimo de Georges Ohsawa con el que se le conoce mundialmente. Ohsawa nació en Kioto el 18 de octubre de 1893. Se queda huérfano -el padre los abandonó y la madre muere tuberculosa- a la edad de nueve años. Debe trabajar para vivir y tiene que cuidar a su hermano y a sus dos hermanas. También mueren tuberculosos. Ohsawa acaba enfermando de tuberculosis pulmonar e intestinal. Es declarado incurable por la medicina alopática oficial.

Lee el libro de Sagen Ishizuka y entra en contacto con él, convirtiéndose en su más fiel alumno y seguidor. Pone en práctica la dieta que le recomienda y se cura. Se une a la Shokuyo-Kai y escribe numerosos artículos para su revista. Al poco es elegido presidente de la Asociación. Inicia la publicación de los primeros libros, entre ellos una interesante biografía de su mentor, Sagen Ishizuka. Transcurren unos años y funda «El Instituto del Principio Unificador» y más tarde el definitivo «Centro Ignoramus», que hasta hace pocos años aún dirigía su inteligente e inquebrantable esposa, ya centenaria, Lima. Hasta la masiva aparición de libros de Ohsawa , eran muy pocas las obras japonesas que trataban sobre salud y dieta.

La primera mención del término Macrobiótica la utiliza Ohsawa en la posdata de la traducción japonesa que hace del libro de Alexis Carrel, «La incógnita del Hombre». Queda claro que después de Hipócrates y varios clásicos de la Antigüedad griega, y tras el alemán Hufeland, es Ohsawa quien le da pleno sentido a la palabra Macrobiótica. La emplea por primera vez en el texto de su popular obra «Macrobiótica Zen», publicada en inglés por el Centro Ignoramus de Japón en 1960.

En realidad Ohsawa cambió el Yin/Yang oriental bautizándolo por Macrobiótica. En 1920 llega a París y a pesar de las dificultades y obstáculos que tuvo que vencer logró, en sucesivas estancias, ganarse un buen puñado de amigos y simpatizantes. Introdujo el consumo de cereales y un montón de específicos y alimentos japoneses que enriquecieron la frágil dieta vegetariana. Dio a conocer en Europa, la técnica de los Bonsái, el Judo, los arreglos florales, la dígitopuntura, etc. Desde el punto de vista filosófico su descubrimiento de «La Espiral Logarítmica» es impagable.

Hasta su muerte en 1966, a la edad de 73 años, Ohsawa dedicó su vida entera a aproximar Oriente y Occidente utilizando la filosofía y la dietética. Difundió el estilo de vida macrobiótico con pasión predicando con el ejemplo. Dio unas 6.000 conferencias, seminarios y cursillos. Atendió a miles de enfermos en más de 30 países. Publicó cerca de 2.000 artículos y más de 300 volúmenes.

Sembró con rigor, pero generosamente, los granos de arroz de sus convicciones macrobióticas, que no eran otras que llevar al mayor número posible de seres humanos la libertad, la paz, la salud, la felicidad. Sus ideas movieron y siguen moviendo inversiones incalculables en numerosos campos relacionados con la alimentación.

Importancia de los cereales

Así pues, los cimientos nutricionales de la Macrobiótica actual, como defendía Hipócrates y millones de sanadores a lo largo de la historia, están constituidos por los cereales en grano integrales biológicos, es decir, obtenidos ecológicamente mediante maquinaria y técnicas agrarias limpias, no invasivas , respetuosas con la variopinta vida de la tierra y su medio ambiente, sin manipulación genética, ni pesticidas, herbicidas, abonos químicos, aguas contaminadas, etc.

Los cereales son los últimos vegetales en aparecer. Sus minúsculos granitos contienen la memoria genética de toda la diversidad vegetal que les precedió. En la cadena de la evolución animal acontecida durante millones de años, el hombre es el último en surgir. Nuestros genes son la síntesis de toda la diversidad genética animal que existe y existió.

Nuestro cráneo, nuestro cerebro, nuestra masa encefálica, nuestra constitución ósea, nuestra energía, nuestra inteligencia, espiritualidad, etc. están directamente condicionados por la calidad de los nutrientes cerealísticos que hemos ingerido. Los cereales propios de cada continente permitieron la aparición de diferentes civilizaciones: el arroz, el trigo, el mijo, el maíz, la avena, la cebada, el centeno, el alforfón, la quinoa, el amaranto... Gracias a ellos, y al ser el hombre omnívoro pudo derrotar al resto de los animales hostiles, adaptarse a los cambios climáticos y vicisitudes de la naturaleza y erigirse en el supremo dominador de la Tierra y ahora del espacio.

Cereales y Macrobiótica forman una entidad inseparable. Actualmente cada vez más personas se acercan a la macrobiótica buscando una nueva forma de vivir y alimentarse, de sentir y encontrarse, en una corriente de "lo natural" que emerge con fuerza en nuestro mundo desordenado. Son cada vez más los profesionales que se dedican a enseñar y profundizar en la dieta macrobiótica haciendo que evolucione para adaptarse a cada región, incluyendo así sus productos tradicionales y su sello propio. Así surge nuestra deliciosa dieta macrobiótica mediterránea con el sabor de la cocina de nuestras abuelas, a fuego lento, como las cosas buenas de la vida.

(Fuente principal: Revista Natural, Pedro Navarro Torrecillas - Experto en Macrobiótica)

domingo, 21 de febrero de 2010

¡La Crisálida en la televisión!

El programa "Espacio protegido" de Canal Sur2 de Andalucía, emitió el pasado sábado 20 de febrero un pequeño reportaje, dentro de su programa dedicado a "La moda de lo ecológico", de nuestro trabajo en La Crisálida. Podéis verlo aquí, deseo que lo disfrutéis...

viernes, 19 de febrero de 2010

José Luis Alcázar Crouse (febrero 2010)

Testimonio de José Luis Alcázar Crouse (febrero de 2010)

Como éramos jóvenes y teníamos una naturaleza más fuerte que la mayoría de los jóvenes de ahora nos curamos y limpiamos en pocos meses de todo tipo de depósitos tóxicos, tanto físicos, en forma de mocos, quistes de ovario, pequeños cálculos renales y poco más, como de tóxicos mentales, como la infinidad de formas de engaños con los que vivimos sin enterarnos que hacen que experimentemos todo tipo de dolores y sufrimientos, tanto individual como social y del medio ambiente.

Tuve 5 hijos de modo natural con mi pareja y nunca necesitamos usar medicamentos, vacunas ni medios violentos que se derivan del miedo ligado a la ignorancia. Lo violento quizá era intentar criar a mis hijos en este entorno social y no saber lo suficiente para cambiar la circunstancia. He de reconocer que ese no saber o ignorancia por parte mia, me hacía ser algo violento o rígido en raras ocasiones, aunque me arrepentía enseguida y aprendía a tener paciencia conmigo mismo y mis limitaciones y me proponía aprender más y hacer cosas para ver cómo mejorar el entorno social en el que vivía con mi pequeña tribu de niños.

Tanto mi pareja como yo conocíamos de primera mano el mundo sanitario. Yo fui enfermero en la mili y ella todavía trabaja de enfermera en centros oficiales ¡No sé cómo lo aguanta! Es su modo de ganar dinero. Yo me he dedicado a la construcción lo más ecológica posible y, cuando puedo, a aprender, entrenarme y enseñar macrobiótica, meditación y otras actividades de desarrollo humano.

Tras trece años de saludable vida familiar macrobiótica que nos protegía del entorno contaminado que nos rodea, nos separamos. Fue una circunstancia muy difícil y desafortunada, pero interpretamos que no podíamos estar auto protegiéndonos siempre, con los niños haciendo vida social en la escuela y sintiéndose algo raros porque los otros era muchos más y lo normal era comer helados, que les pincharan medicamentos y que les gritaran o pegaran sus padres, más o menos cotidianamente. A mi me afectaba mucho ser empresario de la construcción y ver que vida llevaban los hombres y en qué se gastaban el dinero para olvidarla. Yo quería ganar dinero suficiente para tener un centro de terapias y enseñanza y el dinero de la empresa se iba a bares, restaurantes y otras cosas contrarias a mis ideas. Interpretamos que debíamos aprender algunas lecciones más para dejar de ser medias naranjas y ser naranjas enteras…. No depender tanto una parte de la otra en la pareja y reconocer que dependíamos mucho más de todos los demás que son muchos más. Proteger más la sociedad que la pareja… Cosas así, difíciles de ver y entender, a pesar de que los divorcios son algo corriente.

El fuerte instinto que desarrolla la macrobiótica de convertir las circunstancias desfavorables en positivas me llevó a estudiar y entrenarme intensivamente en métodos de meditación y adiestramiento mental, con la inestimable ayuda de un maestro espiritual, el Ven. Lama Gueshe Tamding Gyatso con el que pasé conviviendo dos años en los que me trató como un hijo, además de sus enseñanzas, trasmisiones y ejemplo de estar a su lado cotidianamente. No le importaba mucho que yo fuera algo refractario al aspecto religioso budista o tradicional y sólo me interesara aprender lo que solucionaba el dolor y el sufrimiento y fuera práctico, osas que se arraigan inamoviblemente al hacer macrobiótica en serio. He de añadir que sin los conocimientos macrobióticos y ayuda de una comida adecuada a la meditación cuesta mucho avanzar y, por el contrario, con el poder del grano y saber usar la sal, el fuego, el agua, etc., que se aprende muy bien en macrobiótica, la concentración y la realización se acelera enormemente, según la urgencia.

A los dos años de estar entrenándome pareció que ya estaba preparado para volver al mundo. Me fui a Londres con el deseo de seguir estudiando en inglés, pues hay mucho más editado en ese idioma que no domino bien. Estuve trabajando en casa de José María Cano, de grupo Mecano, cuando Penélope Cruz estaba con Nacho Cano y José María componía una ópera pop. Llegué el 24 de diciembre, Nochebuena, y cené con ellos 3 y la cocinera, que era una compañera budista con la que compartí maestro y varios meses de convivencia junto al lama. En los meses que estuve pude experimentar y observar desde muy cerca el sufrimiento de los ricos y famosos y también mi reacción tras pasar esos dos años con mi maestro. Más que estudiar en inglés, como era mi idea de partida, fue un aprendizaje práctico y directo, muy macrobiótico, vivencial. No voy a exponer conclusiones aquí.

Siguiendo ese aprendizaje muy práctico, regresé a Menorca de paso y luego a casa de mis padres, a los que no veía mucho desde hacía años. Al poco tiempo murió mi padre de un infarto y pude seguir viendo los efectos positivos del entrenamiento espiritual que recibí, en pocas semanas murió una prima cercana con la que compartí mi infancia y algunos meses después murió mi hija mayor…. En fin. Me quedó claro del todo la utilidad del entrenamiento espiritual pues no viví nada de eso con dolor ni sufrimiento y pude ayudar a superarlo a los que me rodeaban, mi madre, hermana y otros.

Cuando murió mi hija ya estaba en Huesca, adonde me fui tras equilibrarse el duelo por mi padre. Me fui a ayudar a reconstruir una antigua aldea cercana al monasterio de Panillo y estuve enseñando macrobiótica y meditación y ayudando a mucha gente que fue viniendo. Tras muchos años enseñando y tratando de ayudar a mejorar la salud y el sufrimiento de mucha gente, en esa pequeña aldea apartada y solitaria vi que tenía resultados mucho más positivos y rápidos, a pesar de no tener cerca las comodidades urbanas.. o gracias a ello. Ello impulsó la idea de hacer un pueblo macrobiótico, un sitio para vivir y trabajar en macrobiótica y temas afines (Meditación, agricultura, arte, terapias naturales, oficios, composición de textos, videos… Una gran variedad de posibilidades complementarias entre varios vecinos y socios con una vocación similar y diversas habilidades y artes).

Estuve buscando y encontré Aguinaliu como sitio idóneo. Compré algunas casas y solares y volví a crear una empresa de construcción para capitalizar el proyecto. Hace unos años me hubiera ido directamente a vivir y hacer todo con mis manos, pero apareció mi madre muy enferma, con cáncer y muchos fuertes dolores e insuficiencias que los médicos ya no le conseguían paliar con medicamentos. La estuve tratando varios meses, hasta no necesitar ningún medicamento ni tener dolores. Aunque hubiera necesitado dos años más de dieta, estudio y entrenamiento para ser una mujer saludable, se quiso volver a su casa a cuidar de su hija, mi hermana, con otros problemas complicados, y ya no pude hacer más. Luego acabaron viniendo a vivir todos aquí, pero no venían a ponerse bajo tutela y protección macrobiótica y tampoco pude evitar que mi madre acabara muriendo de cáncer. No se puede hacer a la fuerza o sin que te pidan consejo o enseñanzas, aunque sea tu familia. Esa es una de las mayores dificultades para quien necesita y desea aprender y practicar macrobiótica. Si no lo entienden ni lo aprecian o tiene mucho miedo a cambiar de hábitos, o… He aprendido a ocuparme de quienes desean aprender y desarrollarse a si mismos como si fueran mi familia y respetar los deseos y ritmos de todos, aunque ello suponga experimentar enfermedades y sea mi familia de sangre.

De lo anecdótico, tipo sanaciones macrobióticas de diversas dolencias, podría contar muchas en más de 30 años de vivencia, cáncer, sida, artrosis, alergias, asmas… Pero eso son solo síntomas que han mejorado o desaparecido. Si no he participado en que alguien cambié radicalmente su vida por haberse librado de la ignorancia de si mismo no me satisface especialmente. Me da mucha más satisfacción los que han hecho esa revolución interior que les hace sentirse agradecidos a todo, incluidos su cáncer o lo que sea, como veo en el testimonio de la autora de este blog. Estas personas no solo se sanan a si mismas si no que son una bendición para este desquiciado mundo.

Por lo menos, me queda una lección por aprender. Nunca he podido ganar dinero con la macrobiótica. Cuando monto empresas para capitalizar proyectos macrobióticos acabo cansado y la mayoría del dinero se va en la misma empresa y consumos caprichosos y secundarios. Voy para 54 años y, aunque sigo deseando que se haga y trabajar en una empresa como el proyecto de pueblo macrobiótico, no tengo el impulso, ni atrevimiento ni el deseo de hacerlo en solitario… ¿Para qué quiero un pueblo yo solo? Espero que aparezca gente más joven a la que transmitir mis conocimientos y la confianza que da la experiencia a la vez que se realizan y desarrollan desarrollando el proyecto.

Un fuerte abrazo.

/José Luis Alcázar Crouse.

CONTACTO:

Tel: 699971375
Mail: jlalcazar.macrobiotica@gmail.com
jlgev@hotmail.com

jueves, 18 de febrero de 2010

La pirámide macrobiótica



La pirámide macrobiótica nos ayuda a organizar nuestros menús diarios, semanales y mensuales. En este dibujo "consumo diario" significa que debemos consumir esos alimentos todos los días, "consumo semanal" significa de 1 a 3 veces por semana y "consumo ocasional" significa de 1 a 3 veces por mes. Esto es sólo una guía orientativa, es decir, si una semana comemos pescado 4 veces por ejemplo no significa que estemos haciendo mal, simplemente compensamos con otra semana que comemos un poco menos y no pasa nada.

Es importante saber elaborar menús equibrados, pues los alimentos hay que tomarlos en un conjunto armónico que nos suministren todos los nutrientes esenciales, el equibrio energético y de texturas y sabores que el cuerpo necesita. Así nuestras comidas serán satisfactorias, placenteras y nos llenarán de vitalidad. Es decir, no con tomar alimentos sanos estamos haciendo una alimentación sana y aquí pondré un ejemplo sencillo: la fruta es un alimento sano pero si tomamos 3kg de fruta diaria, que es un exceso, nuestro cuerpo va a caer en deficiencias de minerales y en un enfriamiento interno que nos hará más vulnerables a virus e infecciones. Así los alimentos nunca son en sí malos o buenos, sino que nos proporcionan salud en la medida en que los tomamos en las proporciones adecuadas (que dicho sea de paso no tienen por qué ser las mismas en todas las personas ni en todos los rangos de edad por eso hago hincapié en que la pirámide es orientativa para personas adultas sanas).

Cabe destacar en esta pirámide, si la comparamos con la pirámide mediterránea recomendada en nuestra sociedad actual como modelo alimenticio algunos puntos muy interesantes:

  • En las dos pirámides la base de la alimentación humana se sustenta en los cereales integrales como alimento principal. Es decir arroz, quinoa, mijo, amaranto, trigo, cebada, avena, trigo sarraceno y maíz como cereales en grano y sus derivados en forma de pan, harinas, pastas, bulgur, cuscús, sémolas y cereales refinados es decir, la versión "blanca". Es para reflexionar que en la dieta moderna estos alimentos aparecen solamente en el plato alguna vez a la semana en su versión refinado, como el arroz blanco, la pasta de trigo blanca, o el pan blanco y en muchos casos como decoración del plato principal de carne o pescado. Cuando en nuestra sociedad moderna decimos que hacemos una dieta mediterránea se nos está olvidando lo principal ¡los cereales! que además han sido la base de la alimentación humana durante toda la historia de la humanidad por miles de años. Aquí la dieta macrobiótica recupera lo esencial de una dieta con sentido.
  • Legumbres y verduras a diario como aporte principal de proteínas (las legumbres) y vitaminas, minerales y fibra (las verduras). Las legumbres aunque no son alimentos que constituyan proteínas completas (pues algunas carecen de algunos aminoácidos esenciales) se completan con las proteínas de los cereales integrales formando un equipo que proporciona hidratos de carbono de buena calidad (en los cereales) y proteínas completas fáciles de asimilar por el cuerpo sin ninguno de los inconvenientes de las proteínas animales. Por eso son la propuesta para comer en salud, y si pensamos un poco así fue la alimentación humana hasta la era moderna: cereales+legumbres+verduras. Así comieron hasta la generación de nuestros abuelos en las zonas rurales no hace tantos años. El consumo exagerado de productos animales en nuestros días es la razón principal de muchas de las enfermedades de nuestra sociedad moderna. Volvamos a los orígenes, a una alimentación un poco más vegetariana, más ecológica y sostenible, más respetuosa con el medio ambiente y ¡mucho más sana!
  • Algas marinas que son las verduras del mar. Las algas son ricas en minerales de buena calidad (calcio, magnesio, fósforo, zinc y más) y que el cuerpo necesita para su buen funcionamiento. Su consumo regular satisface todas nuestras necesidades sin tener que recurrir a otras fuentes más dudosas como los lácteos (Por cierto las vacas toman el calcio de la hierba verde y fresca y no necesitan mamar de otras vacas). Nos puede parecer chocante o alejado de nuestra cultura culinaria el uso de algas pero si estudiamos un poco la historia de las algas encontramos que fueron consumidas en europa desde tiempos antiguos: los romanos, los celtas, los vikingos, los franceses y hasta en España se consumieron algas de la costa cantábrica ¡pero lo hemos olvidado! Las algas son los tesoros del mar y los tesoros de nuestra mesa. En la actualidad se comercializan algas locales de nuestra costa cantábrica y pueden encontrarse fácilmente en los comercios.
  • Dulces naturales algunas veces por semana. Para darnos un capricho rico y delicioso y sobre todo para los más golosos podemos elaborar dulces a base de frutas secas o frescas, zumos de frutas, siropes de cereales (conseguidos por la hidrólisis de las largas cadenas de hidratos de carbono del arroz, el trigo, la cebada...), el amasake (un puré conseguido con arroz fermentado que vuelve locos a los niños), las leches vegetales dulzonas como la de arroz o avena, y la algarroba como sustituto sin excitantes del cacao. Las opciones son muchas y los postres deliciosos, con la ventaja de que no engordan, no perjudican nuestro páncreas haciéndonos más propensos a la creciente diabetes, no debilitan nuestros dientes y huesos, y no producen acidez. El consumo de azúcar conlleva todos los inconvenientes antes mencionados y aunque en la pirámide mediterránea se sugiere como alimento de algunas veces por semana reconozcamos que en la dieta moderna su consumo es diario y extenso.
  • Pescado varias veces por semana. El pescado es de todos los alimentos animales el más saludable por su menor contenido graso y por su importante aporte de ácidos grasos esenciales (los famosos w3 y w6), así como vitamina D entre otras bondades. Aunque estos nutrientes importantes podemos conseguirlos de otras fuentes (como por ejemplo las semillas de calabaza, girasol, sésamo o lino ricas en ácidos grasos w3 y w6, o los alimentos fermentados como el miso, la salsa de soja y los encurtidos de verduras ricos en vitaminas del grupo B y D), lo que significaría que es posible hacer una dieta pura vegetariana sana y sin carencias, la opción del vegetarianismo puro es individual y opcional y la propuesta de consumo de pescado para los que no la eligen es de 1-3 veces por semana.
  • Semillas de calabaza, sésamo, girasol y lino principalmente, y sus aceites, y otras más ocasionalmente como las de amapola, nos proveen de la cantidad de ácidos grasos esenciales que necesita nuestro cuerpo para su buen funcionamiento. Por eso su consumo recomendado es de unas 3 cucharadas por día, alegrando nuestras ensaladas, purés, como decoración en cereales, como tentempié de media mañana, o integradas en salsas y aliños.
  • Frutos secos varias veces por semana o a diario en pequeña cantidad como aporte principal de grasas de buena calidad. Nos referimos a almendras, nueces, avellanas, cacahuetes y con menor frecuencia otras como pistachos y nueces pacanas. También podemos consumir frutos secos en forma de pastas para untar, como son la "mantequilla de cacahuete" o "la crema de almendras" que resultan deliciosas integradas en salsas y postres o directamente sobre el pan.
  • Frutas frescas varias veces por semana. Podemos tomarlas crudas o cocinadas en compotas, al horno, integradas en postres, de todas formas resultan deliciosas. Las frutas son ricas en azúcares simples que pasan muy rápido a la sangre y se convierten rápidamente en grasa por acción de la insulina y el páncreas. Los azúcares que más nos interesan porque evitamos este efecto indeseable son los polisacáridos que nos aportan los cereales integrales. También son ricas en vitaminas y fibra pero estos nutrientes podemos conseguirlos a su vez de las verduras ligeramente cocinadas o crudas. En fin, que la fruta en sí es prescincible en una dieta saludable pues no aporta nada que no podamos conseguir de otras fuentes. Con esto no quiero decir que haya que dejar de tomar fruta, que además nos refrescará cuando haga calor, nos hidratará y siempre es un placer su consumo. Pero como todos los alimentos en exceso puede resultar perjudicial, en el caso de las frutas producen un clima ácido en la sangre que deviene en desmineralización de dientes y huesos, también se transformas rápidamente sus azúcares en grasa, por lo que no recomendamos un consumo excesivo y diario. En realidad en la Naturaleza y en ciertas estaciones del año (como el otoño o el invierno) la huerta no nos ofrece apenas frutas, sólo en el verano cuando el cuerpo necesita enfriarse para soportar los calores es cuando tenemos más abundancia de frutas para consumir.
  • Carnes, huevos y lácteos algunas veces por mes. Esta es una opción que cada persona es libre de elegir. Esto es, hay personas que practican una dieta macrobiótica y prescinden totalmente de estos productos, porque no son fundamentales para hacer una dieta sana y equilibrada, y otras personas optan por consumirlos ocasionalmente porque gustan de ellos y no quieren perderse ese placer personal. En la macrobiótica no hay alimentos prohibidos sólo que se tiene en cuenta la frecuencia de consumo de algunos alimentos para promover la salud en las personas. Así los lácteos, las carnes blancas y rojas y sus derivados, todos ellos ricos en grasas saturadas, hormonas y productos químicos debido a su producción industrial, pasan a ser alimentos que podemos disfrutar de vez en cuando si es nuestro deseo pero dejan de ser los alimentos principales de cada día como ocupan en la actual dieta moderna. Es importante que de consumir estos productos los elijamos ecológicos y de la mejor calidad.
En fin, os invito tras leer esta entrada a que reflexionemos sobre nuestros hábitos actuales de alimentación que han sido tan manoseados, tan manipulados, tan falseados bajo el nombre de dieta mediterránea. ¿Es que de verdad hacemos dieta mediterránea? Es cierto que en nuestra sociedad actual hay mucha información muy confusa sobre qué es sano y qué es comer bien, y qué es comer para generar salud. Confusión que aprovecha la industria alimentaria para vendernos de todo tipo de productos. La propuesta de la dieta macrobiótica es una propuesta con sentido y en el orden natural, es recuperar la alimentación que ha nutrido a la humanidad desde tiempos antiguos, y yo diría que es la vuelta una alimentación humana. Para pensar...

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Fuentes:

"El equilibrio a través de la alimentación" - de Olga Cuevas.
"Nutrición energética y salud" - Dr. Jorge Pérez Calvo.
"La dieta macrobiótica" - de Michio Kushi.