Mi experiencia con la macrobiótica.
Diana López Iriarte.
Hace unos ocho años más o menos, acudí a una conferencia, sobre terapias alternativas, me llamó la atención una persona en concreto que hablaba de que los alimentos además de nutrientes contenían energía. Me pareció interesante descubrir en qué era diferente un hidrato de carbono procedente de una coliflor, que otro de un bocadillo de chocolate, o la proteína de los garbanzos que la de un filete…de manera que acudí al taller de cocina.
No podía saber en esos momentos el gran cambio que supondría esto en mi vida… Durante dos meses descubrí, según el método culinario macrobiótico, que todo el universo puede entenderse como la interacción de dos fuerzas complementarias el yin y el yang. Aprendí la relación energética de los alimentos con las estaciones, con la tierra y el cosmos, con los órganos y muchas más cosas. Descubrí una sabiduría ancestral basada en el Tao capaz de cambiarte hasta la forma de vivir la propia vida. No voy a entrar en estos conceptos porque sería tema para un artículo extenso y prefiero basarme en lo que ocurrió conmigo y de ahí que cada cual investigue si la cosa le resuena de algún modo.
En aquellos momentos, yo tenía un principio de fibromialgia, me levantaba y me acostaba cansada, tenía unos enormes dolores de huesos y espalda a diario. Muy en lo profundo en mi interior me preguntaba si con 32 años estos dolores serían normales y de qué forma llegaría a la edad de mi madre si ahora estaba en ese estado mi salud…También sufría de jaquecas y migrañas periódicas que me hacían tomar Paracetamol, el cual a su vez me producía cólicos y diarreas, con lo que también me habían diagnosticado colon irritable. Debido a los dolores y al cansancio mi deseo sexual había disminuido hasta casi extinguirse. Esto en lo que respecta al cuerpo físico.
En lo referente al emocional y mental, mi vida oscilaba entre el desánimo y la tristeza y episodios de ira y rabia incontrolable que hacían muy difícil mi carácter, estaba en varias terapias de autoayuda y autoconocimiento, pero aún así, era incapaz de manejar mis emociones o de elegir mis pensamientos. Mi vida era un caos sin dirección.
El cambio en la alimentación resultó de manera natural y fluida, nada más comprender e integrar en mi universo cognoscible los nuevos conceptos aprendidos. Consciente de la importancia de la energía y la química de los alimentos, deseaba profundamente controlar y elegir de la mejor manera posible. Llegué a casa y tiré todo fuera de la nevera, vacié de comida basura los estantes y comencé a comprar y cocinar los nuevos productos.
Algunas de las medidas que tomé fueron: dejar el azúcar blanco en todas sus formas y los lácteos, introducir verduras en abundancia y cereales integrales de cultivo ecológico, como el arroz integral o el mijo, la avena, a diario, dejé también la proteína animal, carne, aves y huevos, para tomar proteínas vegetales, legumbres y pescado blanco.
Al poco tiempo comenzó una transformación brutal de mi persona y de mi vida.
Primero desaparecieron los dolores de cabeza, y de huesos y espalda, más tarde también el cansancio. Después, la ira y las emociones, fueron siendo cada vez más fáciles de comprender y encauzar, empecé a sentir que tenía el control de ser quien yo quería ser y no una víctima de las circunstancias. A menudo me embargaba un sentimiento de paz interior y de alegría, antes desconocida. Volvió el deseo sexual y las sensaciones que antes parecían adormecidas se volvieron más intensas.
Tenía una energía extra para mil actividades anteriormente impensables, y con ella empezaron las ilusiones, reales, de hacer cosas que me llenasen, de darle una dirección a mi vida y no dejarme llevar más por las circunstancias o por lo establecido.
Poco a poco comencé a tomar decisiones basadas en mis valores, y sueños. Fui consciente de cómo los miedos del pasado, inculcados por los padres, la escuela, la sociedad… habían influido en mis decisiones y en mi estilo de vida, aun sin yo saberlo, y me volví capaz de enfrentarlos, de ponerlos a prueba, me atreví a vivir a mi manera.
Lo que experimenté fue como si una parte de mí, que antes no puedo explicar dónde se encontraba…se hubiera despertado. Y esta parte, era capaz de observarme a mí y a mis circunstancias y decidir, elegir, ante una situación, enfadarse o no, temer o atreverse. Una parte sabia, capaz de ver más allá de lo evidente. Capaz de relacionarse con algo mucho más grande que yo, capaz de ser libre por el simple hecho de cuestionar y solo ser. Esto supongo que es lo que llaman consciencia.
En mi opinión, soy otra persona, comencé por preocuparme de la influencia real de los alimentos en mi vida, por cuidar mi cuerpo y ahora me gustaría cuidar el cuerpo de mi planeta. Y toda la vida que en él Existe. Lo siento como algo mío.
Me preocupa la ecología y los medios de cultivo sostenibles. Porque hay hábitos alimenticios de hoy día que nos traen desequilibrio, sequía y pobreza, además de enfermedad. Y yo creo que hasta las guerras son producto de una alimentación “antinatura”.
Entonces este cambio en la alimentación me hizo dar un paso más allá, los alimentos tienen una energía, un nivel de vibración, y desde ahí, como todo es vibración empiezas a cuidar mucho más todo. Pues alimento no es sólo comida, son también: pensamientos, información, amigos, música, ideas, emociones…Empiezas a cuidar lo que llevas a la boca, consciente de que todo tiene un efecto en el organismo, desde el vino hasta una hierba. Y también lo que metes en tu mente y en tu vida… Empiezas a decidir eliminar el ruido y alimentarte de lo que te hace feliz.
Está demostrado científicamente que aquello que produce emociones positivas, relaja el A.D.N. y esto a su vez fortalece el sistema inmunológico. Es decir: Nuestra salud mejora si somos felices.
Esta es la verdadera meta de una alimentación para el despertar.
Empiezas a vivir tu vida desde la consciencia, y cualquier pequeño acto, por ejemplo: tomarse una hamburguesa con los amigos…, si eso implica que mi dinero está financiando la destrucción de la selva, que tan linda me parece, pues elijo mejor.
Empiezas a estar consciente y a ser una célula positiva para ese cuerpo mayor que tenemos que es la tierra sin cuyo alimento aire y magnetismo no podríamos vivir.
Por todo esto que me ocurrió, por el simple hecho de empezar a comer productos que de verdad produce la madre tierra, es por lo que animo a todo el mundo a ser diferente y a responsabilizarse de verdad de su nutrición y de su propia vida. Por supuesto que es un enorme cambio pero a mi me parece que merece la pena.
Nota: si queréis contactarme para cualquier duda o consulta podéis hacerlo en:
dianagatablanca@gmail.com
Un saludo.
/Diana.