domingo, 29 de agosto de 2010

Testimonio Diana López Iriarte - Carta de Propósito (septiembre 2010)

Diana López Iriarte
Carta de propósito (septiembre 2010).

Hola, mi nombre es Diana López Iriarte, hace ocho años conocí la macrobiótica y empecé un camino que cambió total y profundamente mi vida.

Hace ocho años yo era una mujer de 31 años con fibromialgia, colon irritable y fuertes migrañas, pesaba 60 kilos. Tenía un niño de dos años, vivía en un pueblo de las afueras de Madrid, me decía a mi misma que tenía una bonita casa de pueblo con un jardín, pero lo que en realidad tenía era una casa en un sitio donde realmente no quería vivir el resto de mi vida, ni educar allí a mis hijos y una hipoteca a veinte años de 130.000 euros + intereses.

El camino de aprendizaje con la macrobiótica no solo me aportó conocimientos de nutrición, que me ayudaron a sanar mi cuerpo físico, si no que además me llevó a comprender y conocer la importante y profunda relación que tenemos con el planeta tierra, del que somos una pequeña parte.

Los últimos avances de la física cuántica, de la medicina y biología, han revelado, que la realidad que conocemos como un mundo material es en si misma un mundo energético de múltiples posibilidades, en el que lo que mantiene a la materia como la experimentamos es la conciencia. Una conciencia que está en todas partes, en los electrones y en nuestros cerebros, en cada una de nuestras células e incluso a nivel colectivo en la humanidad y en todo el planeta…diría más en todo el cosmos. Somos uno con todo lo que existe y somos energía, los pensamientos son energía, las emociones, son energía, los alimentos son energía, está es una verdad que han revelado desde muy antiguo numerosas culturas, los indios mapuches, los incas, los mayas, los hindú, los taoistas y budistas.

En los últimos 50años los humanos nos hemos concentrado en crear esta sociedad materialista de consumo, y hemos despreciado estos conocimientos, esta sabiduría hasta casi olvidarlo. Y basta la mera observación del mundo que nos rodea para recuperarla y muchas veces el simple uso del sentido común.

Existen numerosas técnicas de autoayuda que de alguna manera equilibran o tratan de despertar la conciencia. Operando desde el mundo sutil, como por ejemplo, la meditación, el yoga, el tao, la acupuntura la naturopatía, todas ellas son maravillosos intentos de conectarnos con nuestra energía y llamar a nuestra conciencia de unidad, a nuestro despertar como alma única en sintonía con todo.

El problema es que la materia, el mundo material tiene una densidad, un peso energético importante, todo empieza por una intención una idea, un sueño, en el mundo sutil de las ideas y la energía los cambios se dan instantáneamente, tomamos una decisión, decidimos hacer algo, y se pone en marcha nace algo nuevo, pero cuando las cosas llegan al mundo físico, los cambios son mucho más lentos y trabajosos de hacer.

Es por esto por lo que las personas que hacen o aplican estas técnicas, conocen una repentina mejoría, una sensación de bienestar, espiritual y físico, que dura unas horas, unos días o semanas, pero poco a poco la energía se disipa y de nuevo es la condición física la que impera…volviendo a la vieja rutina de inconsciencia y muchas veces, enfermedad.

Cuando el cuerpo se ha ensuciado con sustancias químicas durante años, las células se encuentran asfixiadas por excesos de grasas, los meridianos energéticos bloqueados, los órganos medio aplastados por grasas y mucosidades, esos chacras de energía están en profundo desequilibrio físico, es muy difícil que la energía pase y pueda hacer algo. Por mucho yoga, taichi, meditación que se haga. Hacen falta años de práctica y mucha constancia y dedicación para realmente ver cambios significativos.

Por otro lado en nuestra vida de hoy día, mientras cambiamos el panorama mundial hacia algo más natural y tranquilo, tenemos muy poco tiempo, la mayoría de las personas están metidas en una rueda, de jaula de ratón de la que son poco conscientes, están o hipotecadas o presas de un trabajo que no les gusta, o llenas de obligaciones familiares auto impuestas, poco tiempo queda para practicar yoga a diario y después meditar… (Considerando también que la energía de la coca cola y el filete nos permitan tener la mente en paz y meditar realmente de manera productiva.)

Sin embargo nos damos cuenta de que por muy ocupados que estemos cada día todos los días comemos al menos tres veces. Si además de practicar aquella técnica que queramos para despertar, aplicamos una alimentación que apoye, encontramos una auténtica sinergia.

Si queremos mover algún tipo de energía sutil a través de técnicas, las que sean, tenemos que ser conscientes de que la interacción más intima que tenemos es con la comida. A lo largo de nuestra vida, todo, todo lo que comemos produce un efecto, y una eliminación energética que puede ser saludable o no, positiva o no.

Comer bien no requiere más tiempo, hay que adquirir unos conocimientos, pero una vez esta aprendido, cada día, en cada comida, estaremos apoyando nuestro proceso de despertar, de crecimiento espiritual, nuestro camino hacia la verdadera y autentica felicidad de ser libres para ser quienes somos. Y no como ocurre en la mayoría de los casos que lo que hacemos con la comida es tirar por la borda todo ese trabajo, anterior y dar pasos hacia el enquistamiento físico y energético de nuestras vidas. A mi me parece que bien merece la pena el aprendizaje.

Por un lado la técnica o terapia, ya sea meditación, Chi kung, yoga, desarrollo personal, desbloquea en el mundo energético, nos aporta consciencia y autoconocimiento, y por otro el alimentarnos de manera consciente nos limpia el organismo ayudando a que la consciencia pueda entrar realmente en el, llegar a cada célula y órgano. Y permanecer.

El verdadero desarrollo espiritual, como seres nacidos entre la tierra y el cosmos, nace de un crecimiento en el que la base, es nuestra profunda conexión con la Tierra. Desde ahí, van elevándose los chacras y la conciencia se expande. Nuestra interacción con la energía de la tierra sube por el canal central, atravesando los chacras hasta llegar a los superiores, que nos conectan con el todo, con la conciencia infinita. Pero ese ascenso es imposible y digo imposible, si la primera piedra, la conexión con la tierra esta, o bien cerrada o mal puesta.

Y solo está realmente bien, si comemos y nos alimentamos de “ la Tierra”, y esto conlleva, comer alimentos naturales, acorde con el lugar donde vivimos, y la estación del año, llevar una vida con contacto con la naturaleza, mirar la puesta de sol o la salida cada día, estar conscientes…

No es posible llegar a una verdadera espiritualidad si para empezar estamos desconectados de la fuente de la que surgió nuestro cuerpo, que es la Tierra y esta conexión es a través de nuestra comida. Digerimos el medio ambiente y nos adaptamos a el, para elevarnos como espíritus libres hacia el infinito de nuestra existencia.

La naturaleza no tenía pensado que comeríamos productos desnaturalizados y químicos, manipulados… Tardaremos siglos en adaptarnos a la nueva alimentación sintética de hace 50 años, y de ahí que nuestra sociedad y nuestro mundo esten profundamente desorientados en crisis y enfermos.

Estamos aquí para ser felices, para ser, no para subsistir. La felicidad y la salud son un todo, la misma cosa, sin una no hay otra, son la razón de existir, de materializarnos aquí con un cuerpo.

Nuestro cuerpo físico necesita de la Tierra, sus productos para estar sano y vital, en un cuerpo sano hay emociones fluidas y equilibradas, y una mente clara y sana, esta mente clara y sana, crea con sus ideas una vida plena, y el resultado de todo ello es una persona completa sana y feliz, que realiza su verdadera esencia en el mundo al que decidió venir.

La macrobiótica actual, siento en mi interior, peca un poco de más de lo mismo. Materialismo y rigidez, resistencia al cambio, por un lado y espiritualidad no llevada a la practica por otro.
Siento que para que la macrobiótica pueda cambiar el mundo, tiene demasiados maestros y pocos comerciales.

Es necesario aumentar el numero de personas y de bocas que propagan está verdad, y que la han pasado por el tamiz de sus propias experiencias vitales. No solo que han aprendido unas técnicas, sino que las han vivido y les han aportado un cambio una revolución en sus vidas, porque sólo desde nuestra propia revolución podemos ayudar a otros a cambiar.

No podemos solo seguir formando maestros, si no que es necesario ayudar a personas comunes a recuperar el sentido común y la sabiduría popular, no solo hablar de yin y yang, si no de tierra y cielo, de primavera y verano, acercarla a lo tradicional de cada cultura un poco más. Y humanizarla dando apoyo y seguimiento a las personas que acuden a una consulta.

Dejar de hacer ver que es algo complicado para llevarlo a un terreno donde la gente lo pueda entender e irlo llevando a su día a día.

No todo el mundo puede tirar su alacena entera y comer algas y arroz pero todo el mundo puede acercarse al cereal, a las verduras y comprender lo importante que es en sus vidas y en este momento para la humanidad y el planeta que demos un giro a todo.

Esta es la labor que vengo haciendo, más que enseñar una macrobiótica rígida y rigurosa paso a paso tal como la aprendí a lo largo de seis años y muchos libros, vengo, enseñando, acercándola a las personas para que estas se puedan acercar a ella, comprendan lo que es.

Y sobre todo vengo vendiendo estas ideas, de unidad, de tradición alimenticia en las culturas antiguas, despertando el saber de nuestras abuelas. La autenticidad de los productos de hace a penas 40 años frente a la barbaridad de hoy día. Igual no se puede conseguir que mañana sustituyan la coca cola por te bancha con melaza y agua de vichy, pero si que incluyan menos azúcar, o que las personas cambien poco a poco su consumo.
Los cambios serán paulatinos y lentos.

Si no podemos ir con una bomba y dinamitar la montaña podemos con cucharillas empezar a que el consumo cambie. Hay mucho trabajo que hacer y no podemos permitirnos, ni despreciar a nadie que quiera hacerlo, ni luchar como hienas disputando los unos a los otros cuatro clientes privilegiados.

Podemos y debemos crear sinergias, trabajar unidos, porque si realmente el cambio se da, habrá trabajo para todos. Y somos verdaderamente pocos todavía.
Y es necesaria una apertura, tanto de las personas como de los macrobióticos si queremos que el cambio se dé.

Me propongo como motivadora, como comercial de esta sabiduría para venderla, pues mi punto fuerte es vender ideas.

Así como motivadora para reforzar en las personas sus motivos personales para realizar este esfuerzo, este ir contra corriente y comer y vivir de manera consciente.
En lo profundo de mi interior siento que esta es mi misión y aquello que quiero hacer.

Y esta es la idea que os propongo a los que estáis en este mundo de las terapias.
Estoy abierta a cualquier tipo de sinergia y colaboración, con total desapego de los resultados, en primer lugar porque estoy segura de que será algo maravilloso para mí, y en segundo porque es lo que siento desde lo más profundo que mi alma quiere y desea hacer.

En mi caso, esto es lo que ocurrió, mi trabajo personal de autoconciencia, de autoconocimiento, unido a una alimentación adecuada han transformado totalmente mi persona y mi vida.

Hoy, peso 50 kilos, no me duele la cabeza jamás, el colon funciona perfectamente, y por supuesto la fifromialgia se marchó para siempre de mi vida. Vendí mi casa, hoy no tengo deudas ni hipotecas, terminado el trabajo principal de crianza de mis niños, de seis y diez años, me siento libre para dedicarme a lo que se me ha revelado como mi auténtica pasión de vida.

Me interesa el planeta, la naturaleza, me apasiona ayudar a los demás a encontrar sus pasiones y su alma, a cuidarse y amarse.

Siento que los conocimientos de macrobiótica sobre la interacción de nuestro cuerpo con el planeta, son una poderosa herramienta para cambiar el mundo en el que vivimos, ya que transforman realmente a las personas.

En mi experiencia he comprobado que hace falta algo más que comer arroz y verdura en unas proporciones adecuadas, es necesario, limpiar por dentro y por fuera, la propia vida de todo enquistamiento, y tanto el cuerpo físico como el mental y el emocional, hasta llegar al espiritual, hasta que tu alma se yergue y toma posesión de su lugar para dirigir tu vida.

Hasta que no dudas en que ser lo que eres es a lo que has venido aquí, y no hay nada que nos pueda hacer fracasar si somos auténticos ya que somos los creadores de nuestro cuerpo y de nuestra vida.

Mi fuerte tal vez no sea tanto el dar clases de cocina, cosa que sin duda puedo hacer y he hecho, tampoco indagar en busca de indicios para diagnosticar condiciones antiguas en el físico. En mi experiencia como consejera macrobiótica júnior, de estos últimos dos años, mi fuerte es más bien una labor de motivación y comercial.

Me han venido personas que querían aprender lo que yo conocía, he dado talleres de cocina de cada estación, y muchas consultas, aun hoy me siguen viniendo sin buscarlas.

Siento que hace falta algo más que una consulta y un recetario, siento que la persona se encuentra después en el mundo con unas dificultades importantes, la sociedad no acompaña, este cambio, la persona ha de tener motivos muy fuertes y ganas de vivir para algo, ha de tener un sueño, una visión, y es importante que esto florezca cuanto antes para que el tratamiento macrobiótico sea real y efectivo.

De nada sirve obligarse a tomar cada mañana el arroz en crema durante veinte años, si después la persona no encuentra el valor de hacer los cambios que su vida requiere para poder SER.

La experiencia me dice que se puede tardar años en tonificar y limpiar unos riñones hasta que la persona encuentra el valor para dar ese paso, en ocasiones, a falta de resultados la persona se pierde y abandona.

He captado la necesidad de enriquecer o reforzar mis consultas con un acompañamiento del proceso de la persona, por mail o eventualmente teléfono.

La persona no puede ni debe convertirse en un robot que come “como se le ha dicho” la persona tiene que comprender porque, interesarse en su alimentación, profundizar en la realidad energética del acto de comer, y tomar las riendas de su vida. Es importante entender también que las vibraciones, la mente, los sentimientos también pueden ser considerados alimentos y pueden perjudicar, tanto o más, que un plato de arroz blanco con tomate de bote.

Desde este lugar al que he llegado de libertad personal y propósito de vida, quiero daros las gracias a todos los que me habéis apoyado. Tanto a mis profesores, con los que deseo trabajar mano a mano, como a los que han confiado en mi para cambiar su alimentación, a mis amigos y familiares.

Aquí lanzo esta carta, anuncio y propuesta a la vez al universo, sabiendo que a la vez soy yo misma y que volverá a mí en la forma mas adecuada para todos. Cierro el proceso de mi curación y lo doy como terminado mientras voy entrando un una nueva etapa cuya tónica que será poner en el mundo mi trabajo, al servicio de cualquiera que me necesite, y quiera contar conmigo, con mis conocimientos y mis dones.

No dudéis poneros en contacto conmigo para cualquier cosa que necesitéis o propuesta de colaboración que se os ocurra, siempre que sea para ayudar a este bonito e importante propósito que es construir un mundo más feliz. Soy muy fácil de localizar.

Un abrazo de eterna y profunda gratitud por haber leído mi carta y por todo lo demás.

Diana López Iriarte.


(dianagatablanca@gmail.com)

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