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lunes, 2 de junio de 2008

Vegetales

La palabra "vegetal" deriva de una palabra latina que significa capaz de vivir o crecer, vigorosamente, y lleno de vida. En consonancia con sus nombres, los vegetales y las algas marinas (que son los vegetales del mar) proporcionan un espectro completo de vitaminas y minerales que necesitamos para vivir y crecer con buena salud.

Los vegetales proporcionan a la dieta macrobiótica muchos colores, sabores y texturas. Cortados de forma diferente y cocinados de distintas maneras añaden frescura y aligeran los platos que contienen cereales integrales.

Los mejores son los vegetales cultivados en casa, son frescos, llenos de aroma, y libres de fertilizantes o pesticidas sintéticos. Aunque para aquellos que no tienen la suerte de tener su propio huerto, los mejores vegetales que pueden conseguir son los ecológicos cultivados en la misma zona geográfica, o al menos una zona con el mismo clima. En la temporada pueden prepararse de innumerables formas, tanto cocinados como frescos. Cuando es abundante la cosecha doméstica o local, los vegetales pueden secarse, almacenarse en un lugar fresco para usarlos en invierno.

En invierno, los vegetales veraniegos como pepinos o tomates, que provienen de zonas cálidas, pierden su aroma natural en el lugar de destino más frío, están fuera de la estación y por tanto en discordancia con las necesidades fisiológicas locales. Es mejor comprar vegetales como la calabaza de invierno, coles, y tubérculos, más adaptados al clima frío, o almacenar los locales para su uso durante los meses de invierno.

Hay más de un centenar de vegetales comestibles, muchos de los cuales están incluidos en los tres grupos principales de vegetales recomendados por la dieta macrobiótica:

(Fuente: "El libro de la macrobiótica" de Michio kushi, editorial EDAF)

domingo, 1 de junio de 2008

Los cereales integrales

Los cereales han sido y siguen siendo, desde hace milenios, la base esencial de la alimentación humana. Ya en el Neolítico, de 4.000 a 6.000 años atrás, empezaron a cultivarse la cebada, el trigo y el mijo. En la edad del Bronce se añadieron la avena y la espelta, una especie de trigo duro. Y en la edad del Hierro, el centeno.

La cebada y el mijo tuvieron su principal cultivo en África. En la India, China y Japón preponderó el cultivo del arroz. Los pueblos precolombinos cultivaron el maíz.

De siempre, los cereales han sido reverenciados como algo esencial para la vida, por lo que han formado parte de ritos y ceremonias religiosas. Así, los griegos, en su mitología, tenían a Deméter, la Tierra Madre, la más importante de las divinidades de la fecundidad. A esta divinidad los romanos le dieron el nombre de Ceres, y precisamente de Ceres deriva el nombre de cereal.

Los cereales integrales son granos que se comen completos, intactos (sin procesamiento, sin refinamiento). En los granos completos no se elimina ninguna de las partes comestibles (salvado, gérmen, endosperma), manteniendo su equilibrio natural y por tanto su calidad superior en nutrientes en comparación con su homólogo el "cereal blanco".

Los cereales integrales son extremadamente ricos en sustancias vitales tales como las proteínas, los hidratos de carbono , los ácidos grasos esenciales, las vitaminas (sobre todo las del grupo B y E), los oligoelementos, los minerales entre otros. Las proporciones que estos nutrientes presentan son las ideales para las necesidades del cuerpo humano.

En la dieta macrobiótica, la cebada entera, el alforfón, el arroz, el mijo, la avena, el centeno, el trigo y otros, se comen en su versión integral, cociéndolos a presión o hervidos o guisados en cacerolas. Se comen también productos derivados de los granos completos, que van desde las galletas de trigo integral a los espaguetis. Casi todos los productos refinados de cereales que se pueden encontrar en esta dieta están hechos también de cereales integrales.

Desde la visión energética no podemos olvidar que los cereales son las semillas de la planta. Son capaces de generar vida y poseen por tanto una sabiduría y un poder extraordinarios. Su energía nos conecta con la vida en su máxima expresión. Desde el punto de vista de la energía que nos aportan no es lo mismo comer el grano entero que separando cada una de sus partes. Cuando el grano es separado, aplastado o hecho harina es posible que conserve sus mismos nutrientes pero ya no será capaz de crear una nueva planta. Energética y nutricionalmente satisfacen, cada grano cereal representa a la vez el inicio y el final del ciclo de vida de una planta hierba, conteniendo todas las posibilidades y potencial de la planta entera.

A parte de lo sanos que son, hay al menos otra razón para usar granos integrales en abundancia. De todos los alimentos, son los más baratos, por la amplitud de su cultivo, su cultivo cuesta menos al comer, si consideramos la proporción valor alimenticio/100, que la carne roja, los huevos, los productos lácteos, las aves o el pescado.

Recordando su historia, los cereales integrales se han constituido como base de nuestra alimentación durante miles de años. Fue sólo a partir del siglo XVIII cuando surgió la molienda a base de cilindros, que permitía obtener una harina blanca y muy fina. Comenzó así un negocio muy productivo pues empezó a obtenerse un mayor beneficio del cereal vendiendo por separado cada una de sus partes: el germen para preparar complementos dietéticos, el salvado con su base protéica para la alimentación del ganado y la harina para hacer el pan blanco y las pastas.

La revolución agrícola permitió que el cultivo de cereales se abaratase y la cría de animales se hizo más rentable, aumentando la disponibilidad de carne y lácteos. La prosperidad de inicios del siglo XX favoreció el acceso generalizado a alimentos refinados y a la carne, antes privilegio de ricos. Durante los últimos 100 años más o menos nuestras forma de alimentarnos ha cambiado drásticamente. Si lo pensamos bien los cereales integrales, fuente de la vida, han quedado relegados a un lugar muy poco prestigioso de nuestra dieta moderna: ¿cuántos de nosotros come con regularidad cereales integrales? ¿quién los conoce?

A continuación presentamos una lista con los principales cereales de la dieta macrobiótica:

  • DE USO REGULAR:
  • arroz integral en todas sus variedades: redondo, basmati, dulce, salvaje, rojo y otras.
  • alforfón o trigo sarraceno
  • Avena
  • Cebada
  • Trigo
  • Maíz
  • Mijo
  • Quinoa
  • Amaranto
  • Otros
  • DE USO OCASIONAL:
  • Arroz dulce
  • Mochi (pastelitos de arroz dulce)
  • Avena y otros cereales en copos (muesli)
  • Cuscús
  • Sémolas
  • Pastas
  • Gluten de trigo hinchado (fu)
  • Gluten de trigo (seitán)
  • Somen (cabezuelas integrales de trigo tamizado)
  • Udon (cabezuelas de trigo integral)
  • Pan integral sin levadura o con levadura madre
  • Otros

Ingredientes de la cocina macrobiótica.

Ingredientes de la cocina macrobiótica.

La cocina macrobiótica cautiva por la variedad de ingredientes, por el colorido y por lo exquisito de sus platos. Las comidas, que consideran los alimentos de cada estación del año, el tiempo e incluso el propio estado individual, nos ayudan a equilibrarnos y nos aportan una energía y vitalidad insospechadas. La cocina macrobiótica es una cocina tradicional, que nos conecta con la naturaleza y con nosotros mismos. No existen en ella alimentos prohibidos pero si nos enseña a utilizarlos con criterio y sentido común. A continuación explicamos un poco más de sus principales ingredientes:


(Fuentes: "El libro de la macrobiótica" de Michio Kushi, "Cereales y pan" Revista Vivir con Salud, "El equilibrio a través de la alimentación" de Olga Cuevas).

sábado, 31 de mayo de 2008

Macrobiótica

La Macrobiótica no es exclusivamente una dieta, un régimen, engloba un estilo de vida que tiene como objetivo último ayudar a desarrollar nuestro potencial humano, respetando las leyes de la naturaleza desde un punto de vista biológico (a través de la alimentación), ecológico (haciendo elecciones diarias que contribuyen a una mejor calidad del medioambiente), social y espiritual (trantando a los otros con amor y compasión y asumiendo nuestra responsabilidad como un pequeño eslabón de una vasta cadena de seres y fenómenos).

El origen de la palabra es griego "macro" - grande, y "bio" -vida, que no sólo significa "vida larga", sino también la capacidad de vivir nuestra vida de una forma plena, grande. En ese nivel, la alimentación es importante, esencial, porque nos da la base biológica, la salud para vivir la vida en todo su esplendor y la sensibilidad para respetar el medio que nos rodea. Somos literalmente lo que comemos, los alimentos crean nuestra sangre que nutre las células, los órganos y el cerebro. Sin alimentos la vida no es posible.

La alimentación tiene una influencia poderosa en nuestro bienestar físico, mental y espiritual. Para la mayoría de nosotros intentar descubrir que significa alimentarnos de una forma saludable puede ser bastante confuso. La macrobiótica puede ser aquí una valiosa ayuda.

La cocina macrobiótica es una cocina energética y equilibrada (que considera las cualidades energéticas de los alimentos para crear equilibrio). Los cereales integrales son el alimento principal, junto con una gran variedad de vegetales, legumbres, algas, semillas, frutas y frutos secos y una pequeña cantidad de alimentos de origen animal. Idealmente los alimentos son de origen ecológico, frescos y del mismo área geográfica.

El arte único de la culinaria macrobiótica crea platos deliciosos, adaptados a las necesidades individuales, considerando factores como el clima, la actividad física, los antecedentes biológicos entre otros.

La filosofía y el estilo de vida macrobióticos ofrecen un abordage único de transformación personal. La práctica macrobiótica puede mejorar nuestra energía, vitalidad y flexibilidad así como nuestra creatividad y bienestar mental. También se agudizan nuestras capacidades intuitivas, instintivas e intelectuales y se amplían nuestros niveles más elevados de crecimiento espiritual.

(Fuente: traducción del artículo "Macrobiótica" de Francisco Varatojo.)


miércoles, 14 de mayo de 2008

El horno microondas

A diferencia del horno de gas convencional, que calienta un recipiente y éste al alimento; el horno microondas calienta el alimento emitiendo ondas electromagnéticas (ondas que atraviesan los recipientes). El impacto de dichas ondas sobre las moléculas de agua contenidas en los alimentos, las hace vibrar motivando una fricción que genera calor.

El horno microondas cocina de forma inversa al tradicional. Mientras que cocinando con los métodos conocidos hasta ahora, los alimentos se hacen de fuera a dentro, el horno microondas realiza la misma operación de dentro a fuera. En otras palabras, los alimentos, bajo el impacto de las ondas electromagnéticas, se suelen cocer primero en su interior, y luego, el calor se transmite a la superficie.

El doctor en biología Andreas Kuhne rebate la afirmación de que la técnica microondas no altera negativamente la estructura química de los alimentos y conserva las vitaminas. Por ejemplo, el ácido fólico, vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece cinco veces más rápidamente en los alimentos tratados con microondas. También existen pérdidas considerables de las vitaminas B1, B6 y C.

El campo electromagnético que forman las ondas microondas puede alterar la estructura protéica de los alimentos de forma mucho más intensa que los métodos de cocción tradicionales.

Las paredes celulares de las verduras cocinadas con microondas, aparecen totalmente desgarradas vistas al microscópio.

El efecto de los campos electromagnéticos sobre la salud humana se halla muy poco estudiado. Cualquier fuga supone una exposición muy superior a la que nos tiene acostumbrados la naturaleza. Los hornos microondas vibran a más de dos millones de ciclos por sección (el equivalente a 60 hornos eléctricos), pudiendo esa intensa vibración afectar a la integridad celular de los alimentos y ser absorvida por quien los come. Además se ha descubierto que las bacterias de la salmonela, una de las principales causantes de intoxicaciones alimentarias, consiguen sobrevivir en algunas partes del alimento que han quedado más frías y que no han cocido por completo.

El mismo doctor Kuhne ha apuntado la probabilidad de que los efectos de la exposición sean los causantes de los actuales mareos, las jaquecas, el cansancio y el debilitamiento de los sistemas inmunitario y nervioso central. Para corroborar este dato podemos citar un estudio europeo realizado con 8 personas que siguen un régimen macrobiótico, investigadores del Instituto Suizo de Tecnología y del Instituto Universitario de Biología y Medio Ambiente revelaron que los alimentos cocinados con microondas provocaban alteraciones en la sangre y las funciones inmunitarias de los individuos estudiados. Estas alteraciones incluían un descenso de los niveles de hemoglobina, un aumento de hematocritos y leucocitos (asociados al combate de las infecciones), un colesterol más elevado y una disminución en los linfocitos. Además de alterar la química sanguínea, los investigadores descubrieron que la comida cocinada con microondas aparentemente provocaba un aumento de la actividad de ciertas bacterias de los alimentos y que las células alteradas se asemejaban a fases patogénicas que ocurren en el inicio del desarrollo de algunos tipos de cáncer. Los científicos referían también a alteraciones biológicas en el propio alimento tratado con microondas, como un aumento de la acidez, modificación de las moléculas de proteínas, células de grasa mayores de lo normal y disminución del ácido fólico.

Todos estos datos que hemos seleccionado proceden de los primeros estudios serios realizados para conocer los efectos del uso del horno microondas. En vista de los resultados, cabría preguntarse: ¿vale la pena correr tantos riesgos? ¿por qué no seguir con métodos más naturales y sanos como la cocina de gas?

(Fuentes: "La nueva Cocina Energética" - Montse Bradford (Ed. Océano Ámbar) y "A Humanidade unma encruzilhada" - Michio Kushi y Alex Jack (Ed. Ume) /Traducción de Raquel Pozo).

Sobre la sal, un caso real.

En los últimos 50 años, el uso de la sal en la alimentación ha sido cada vez más desaconsejado y probablemente muchas personas consideran la sal peligrosa para la salud.

Sin embargo, su uso adecuado así como la utilización de una sal de buena calidad puede desempeñar un importante papel para el desarrollo de una buena salud.

De acuerdo con las teorías nutricionales chinas y ayurvédicas la sal facilita las siguientes funciones:
  • Nos ayuda a estar más centrados debido a su energía fuertemente yang (contractiva y enraizadora).
  • Transforma a los alimentos en más nutritivos y da energía y vitalidad.
  • Ayuda a la digestión, contribuyendo a la segregación de ácido clorhídrico en el estómago.
  • Estimula la función renal y en su uso adecuado facilita la absorción de calcio y de nutrientes en general.
  • La sal es considerada un purificador y como tal ayuda al organismo a eliminar toxinas.
Desde el punto de vista de la ciencia occidental se sabe que la sal desempeña un papel importante en determinadas funciones fisiológicas, por ejemplo:
  • Ayuda a la producción de bilis, que facilita la absorción de grasas en los intestinos.
  • Aumenta los movimientos peristálticos del intestino, contribuyendo a una buena digestión.
  • Alcaliniza la sangre, un aspecto importante en el mantenimiento de la salud y la prevención de enfermedades, ya que la mayoría de los alimentos modernos tiende a acidificarla.
  • El sodio ayuda a la conducción de los impulsos nerviosos y también a la contracción muscular.
A pesar de todos estos beneficios, un exceso en su consumo o una mala calidad de la sal pueden producir los siguientes trastornos:
  • Los chinos consideran que si ingerimos demasiada sal nos podemos convertir en personas excesivamente materialistas, debido a su efecto focalizante.
  • Una pequeña cantidad promueve la función renal, pero un exceso afecta a los riñones, interfiere en el metabolismo de la absorción de calcio y de nutrientes en general.
  • Adelgazamiento excesivo y un aspecto flaco, débil; por otro lado si la persona tiende a retener líquidos también puede provocar un aspecto hinchado.
  • Como la sal tiene tendencia para atraer líquidos, puede producir un aumento de la presión arterial y provocar hipertensión, en particular cuando se consumen demasiados productos animales en la alimentación.
Por todo lo dicho parece importante determinar qué cantidad de sal es adecuado utilizar en la alimentación diaria. En realidad la mayoría de las personas utiliza demasiada sal, particularmente en la forma de "sal escondida" tan común en los alimentos modernos como patatas fritas, pan blanco refinado y particularmente en la comida rápida (fast food).

Muchas recomendaciones nutricionales modernas, recomiendan una cantidad de 3000 mg. por día, en tanto que un adulto moderno puede fácilmente ingerir unos 17 mg. por día, cantidad claramente excesiva.

Use la sal con moderación, considere que cada individuo tiene necesidades y capacidades diferentes para lidiar con ella, y sobre todo, absténgase de usar el salero en la mesa, una forma particularmente nociva de usar este ingrediente.

La principal razón por la cual la sal tiene tan mala reputación es probablemente porque su uso es en la forma de sal refinada, un subproducto de la auténtica sal marina, que consiste casi exclusivamente en cloruro de sodio. La sal refinada (que es la que la gran mayoría consume) consiste en un 99.5% o más de cloruro de sodio, al que se añade dextrosa (un tipo de azúcar) y productos químicos para estabilizarla, evitar que se apelmace y blanquearla. Además el proceso de refinamiento tiene lugar a altas temperaturas, lo que puede alterar la estructura química de la sal.

Recomendamos por tanto utilizar sal marina integral (secada al sol), que tiene más del 4% de otros minerales y oligoelementos muy importantes para el buen funcionamiento del organismo.

Curiosidades:
  • La sal desempeñó un aspecto crucial en la historia de la humanidad. La propia palabra "salario" significa "pagar en sal", pues los soldados romanos eran pagados con este preciado producto.
  • La sal fue un bien tan preciado que en el siglo sexto algunos mercaderes del desierto negociaban con sal al mismo precio que con oro.
(Artículo de Francisco Varatojo, director del Instituto Macrobiótico de Portugal. Traducción por Raquel Pozo. Visita el Instituto Macrobiótico de Portugal.)


Un caso real:

Cuando comencé a practicar la macrobiótica cometí muchos errores y uno de ellos fue el abuso de la sal, en el uso excesivo de condimentos como el gomasio, el gomawakame o la salsa de soja. (En un día podía consumir 3-4 cucharaditas de gomasio, así como salsa de soja directamente sobre la comida a menudo). Además tomaba pocos alimentos con energía yin (expansiva, relajante) y muchísima cantidad de cereal. Tras varias semanas con esta práctica errónea y desequilibrada adelgacé más de 3kg en un mes, y además tuve otros trastornos como estreñimiento e insomnio. Había demasiada energía yang en la dieta (muy contractiva). Cuando comprendí mejor el funcionamiento de la energía en la alimentación e hice algunos ajustes todos estos síntomas se normalizaron.

El exceso de sal crea deseos de comer dulces y grasas, que compensen la fuerte energía de este ingrediente, además de aumentar rápidamente el apetito. Este conocimiento es muy útil si se quieren perder unos kilos, pues lo primero que deberíamos hacer es reducir la cantidad de sal. Asímismo lo utilizan en los bares y restaurantes dónde la comida está sobre-salada para conseguir que el cliente consuma más. /Raquel.

martes, 11 de marzo de 2008

¿Qué es una alimentación equilibrada?

En los tiempos que corren existe mucha información y muy confusa en cuanto a qué es exactamente una alimentación equilibrada y saludable. Esto es en cierta medida debido a que en nuestra sociedad de consumo interesa este cierto grado de confusión que los comerciantes aprovechan para realzar las particularidades de sus productos y vendérnoslos con “análisis parciales” y a veces hasta “científicos” de sus bondades. Así en la publicidad diaria encontramos yogures con calcio, con bífidus activos, alimentos con vitaminas añadidas y una gran variedad de productos “naturales” y “sanos”.

Pero no podemos perder la perspectiva de que una alimentación natural y sana no consiste únicamente en consumir alimentos naturales y supuestamente sanos, también es importante las proporciones que se consumen. Así, en un ejemplo trivial, comer manzanas es saludable, pero comerse tres kilos de manzanas diarias durante un largo periodo de tiempo deja de serlo, y esto es bastante fácil de entender. No sólo porque todo exceso es perjudicial sino también porque dejaremos de consumir otros alimentos en su lugar y nuestra dieta no tendrá la variedad necesaria.

Así que nos preguntamos ¿en qué consiste una alimentación equilibrada? En la cultura popular encontramos que esto significa más o menos: “comer de todo y variado”. Pero a nuestro juicio esta definición sigue siendo escasa y poco clara. Podríamos definir así:

Una alimentación equilibrada es aquella que, proporciona el mejor estado de salud para cada persona. El estado de salud depende además de la constitución física, del medio en que vivimos y de cómo nos movemos en él.

Para contestar a la pregunta de ¿qué debemos comer? La abordaremos desde tres aspectos diferentes:

1. Atendiendo a las características de nuestro sistema digestivo:

  1. Tenemos 32 piezas dentales: 4 caninos para morder y desgarrar, 8 incisivos para cortar y trocear y 20 molares para aplastar y moler. Esto nos da una idea de que nuestra dieta debe consistir en: 5/8 cereales integrales, 2/8 hortalizas y frutas y 1/8 carnes y productos animales.
  2. La longitud de nuestros intestinos se aproxima más a la de los herbívoros que a la de los carnívoros. (Los alimentos de origen animal se pudren más rápidamente en los intestinos produciéndose sustancias potencialmente tóxicas a medida que van descomponiéndose.)
  3. Nuestra saliva es ligeramente alcalina y contiene amilasas, enzimas que ayudan a digerir los hidratos de carbono complejos presentes casi exclusivamente en el mundo vegetal. Sin embargo la saliva de los carnívoros es ligeramente ácida y no contiene amilasas.

2. Atendiendo a la proporción lógica de nutrientes:

Siguiendo la lógica marcada por la naturaleza, vamos a analizar la leche materna, que es el único alimento diseñado por ella con todos los ingredientes necesarios para el desarrollo del ser humano.

100gr de leche materna = 0’15 gr – minerales y vitaminas + 1’2 gr de proteínas + 3’7 gr de grasa + 7’1gr de carbohidratos + 87’5 ml de agua.

Las proporciones quedan más o menos como sigue, tras considerar que el bebé necesita más energía para su crecimiento y por eso su alto contenido en grasa, y agrupando las grasas y los hidratos de carbono por considerar que cumplen la misma función energética:

1: 7 minerales y vitaminas: proteínas

1:7 proteínas: carbohidratos y grasas

1:7 carbohidratos y grasas: agua

1:7 agua: oxígeno

Vitaminas: verduras, frutas, cereales integrales y legumbres.
Minerales: algas, verduras, cereales integrales y legumbres.
Proteínas: cereales + legumbres (en proporción 3:1), carnes, pescados y otros productos animales.
Grasas: semillas, cereales, legumbres, carnes, pescados y otros productos animales.
Carbohidratos: verduras, fruutas, cereales integrales, legumbres.

Los cereales integrales, las legumbres, verduras y frutas, tienen sus tres principales nutrientes en cantidades equilibradas así como cantidades apropiadas de minerales y vitaminas. (Los nutrientes “de laboratorio” nos pueden proporcionar suplementos rápidos, pero a la vez corremos el peligro de romper el equilibrio entre los nutrientes).

Cuando no hay equilibrio nuestro organismo nos avista con las APETENCIAS: por ejemplo un exceso de minerales y vitaminas querrá ser compensado con más proteínas, grasas, hidratos de carbono y agua. (Más información en: ¿Qué significan los antojos?)

3. Atendiendo a la energía de los alimentos:

En términos de salud humana necesitamos un equilibrio dinámico entre los alimentos con energía más expansiva y aquellos con energía más contractiva. Así cuando consumimos alimentos con una fuerte energía contractiva, por ejemplo la carne, el cuerpo nos pide un alimento con una fuerte energía expansiva, como el azúcar o el vino. El cuerpo puede mantener este equilibrio de forma más adecuada si los alimentos consumidos tienen energías moderadas: ligeramente expansivas o contractivas. (Más información en: ¿Qué es la alimentación energética?).

Estamos físicamente preparados para comer de todo sin repercusiones inmediatas pero nos conviene una dieta más vegetariana que carnívora, rica en hidratos de carbono complejos y muy especialmente cereales integrales y legumbres.

(Fuente: “El equilibrio a través de la alimentación” de Olga Cuevas, doctora en bioquímica, catedrática y especialista en nutrición y salud. )

viernes, 8 de febrero de 2008

Los juicios morales engordan

Hola a todos,

A continuación podéis leer un artículo que he encontrado muy interesante, publicado en el diario EL PAIS el día 7 de febrero de 2008. En él se presenta la cuestión de si la obesidad es un problema de salud o un interés económico, y es que, como en muchos otros asuntos relacionados con la alimentación encontramos que detrás hay un trasfondo de interés económico...

Espero que os guste.

Artículo - "Los juicios morales engordan"